domingo, 5 de abril de 2020

El Poder en tiempos de p(L)andemia

Sostengo que astrológicamente hablando, lo que ha pasado no es producto de un virus (hay gente perdiendo el tiempo buscando a qué planeta, tránsito, aspecto de la astrología le puede encajar un virus: que si a la Luna en Virgo, en biquincuncio en el grado 31,93 con Quirón en trígono al asteroide k666 en oposición a Saturno y Plutón, etc, etc.). Lo que ha pasado es producto del miedo, de las sombras psíquicas, de lo no asumido en el inconsciente colectivo que necesita emerger en este momento para seguir con el proceso (podría haberlo hecho en cualquier otro, pero como humanos aún nos gusta aprender a patadas...y pues entonces eso es lo que pasa: lo vivimos como si la vida nos “diese patadas”). ESTO es lo que tiene la situación actual así como está, no un virus, que es sólo un trozo de ARN o ADN*. Eso es a fin de cuentas sólo una excusa. Lo que hace el panorama de tránsitos actual con Plutón a la cabeza es sacar a la luz lo que YA ESTABA AHÍ pero que necesita integrarse a la vida consciente AHORA. Recordemos que la fase Escorpio de la rueda zodiacal corresponde a una etapa de integración de lo que en Libra quedó de lado en pos de lograr la armonía y el diálogo de opuestos. Ahora en Escorpio la unión debe ser total, incluyéndolo todo, incluso lo que antes no fue aceptado (dichas sombras). Si entendemos eso, entendemos mejor a Plutón.

Y por otro lado, afirmo una y mil veces que el meollo del momento actual, mientras saltan estas sombras (sombra: lo no asumido psíquicamente) es que con Plutón nos cuestionamos dónde estamos parados con respecto al PODER. Lo que está ocurriendo nos mueve a tomar una elección: o no estoy dispuesto a procesar mis miedos y necesito más de ellos y así seguir viviendo esas experiencias hasta desear otra cosa, o estoy decidido a recorrer el camino que lleva a ejercer el poder interno y a encarnar lo que de verdad hay en mí, sin importar las consecuencias. Esto determina formas absolutamente diferentes de vivir este momento donde puede haber mucha polarización. 

El silencio es clave para ir escuchándonos.
Si caen los sistemas, es simplemente porque no están construidos sobre bases de poder genuinas, sino sobre cesiones de poder hacia un paternalismo que el rebaño gregario ha consentido (hoy lo hemos observado claramente en quienes ven al establishment médico como una suerte de “salvadores” ante la enfermedad. Pero, médico o no, poco importa quién sea el depositario). Plutón no significa destrucción porque sí, significa el derrumbe de lo que no era auténtico. Si había algo genuino allí incluso puede verse fortalecido. Y bueno, no lo había en este sistema. Ese es el motivo por el que sus cimientos están cayéndose. Cuántas vidas falsas siguiendo la rueda del hámster, donde se vive un trabajo sin sentido, sólo para mantener la rueda girando. Una economía que pregona como su finalidad última el crecimiento infinito, cuya meta final es…crecer para crecer. Un círculo vicioso que se muerde la cola, como todos los círculos viciosos. Afuera la situación cambia sólo un par de semanas y ya nos encontramos de frente con el aburrimiento y sinsentido. Acaso eso es algo nuevo? No, era simplemente lo que siempre estuvo allí y que estaba siendo enmascarado a través del trabajo, la pareja, Netflix, los viajes, compras en el centro comercial, drogas o lo que sea. Para que lo que es real en nosotros pueda expresarse, este nivel de falsedad tiene que ser duramente cuestionado hasta ser derrumbado. Después de todo, perdimos la sintonización con el pulso de nuestro ser interno, y hasta ahora nos ha encantado recibir recordatorios en forma de patadas en el culo. 

Capricornio representa no simplemente EL sistema, sino LOS sistemas. Por qué? Porque un sistema es una estructura, y toda estructura por definición tiene como función primaria y básica el mantenerse a sí misma, antes que todo (de no ser así, no sería estructura). Y eso es necesario durante un tiempo. Pero cuando esa estructura perdió todo sentido y no es funcional a nada más que a sí misma entonces se congela, se rigidiza. Y luego, en un momento dado y ya que no lo hizo antes, es tiempo de la campanada final que llama a su disolución para pasar a otra cosa. Y allí es donde se encarga Plutón, principalmente junto a Saturno y a los otros transpersonales (Urano y Neptuno).

Fríamente mirado, podríamos decir incluso que la astrología en estos temas no es más que una excusa para enterarnos de lo que por otro lado no queremos enterarnos, ya que después de todo, en nuestra psiquis también vamos construyendo estructuras y sistemas (Capricornio nuevamente). Desde nuestras creencias hasta las redes neuronales que las neurociencias estudian, hablamos de hábitos que vamos edificando y que luego de ser útiles por un cierto tiempo, en otro momento pueden dejar de serlo, y es allí donde estos procesos nos hablan directamente en clave individual. Y son tiempos de revisar desde dónde hemos construido estos hábitos y creencias que nos estructuran.

*Por más información al respecto desde nuevos paradigmas de la enfermedad, puedes revisar este artículo.




sábado, 21 de marzo de 2020

Actividades 2020: Congreso Internacional de Astrologia Online "Las Claves Astrológicas del siglo XXI - 2020 Año de grandes Cambios"




Con mucho entusiasmo comparto que he sido invitado a participar en este interesante evento online. Seremos más de una veintena astrólogos de habla hispana a tu alcance, transmitiendo sus enfoques y perspectivas astrológicas de los interesantes tiempos que estamos viviendo.

Participaré con la ponencia "Viviendo a Saturno y Plutón en Capricornio: llegó la hora de transformación - Guía práctica" en donde revisaremos el significado profundo de esta configuración astrológica en nuestro momento evolutivo actual, y qué implica para nuestros procesos internos de la vida cotidiana, ya que esta conjunción nos mueve a transformar y madurar en conciencia todo lo que nuestra alma precisa, confrontándonos a la vez con nuestras sombras psíquicas que debemos integrar con amor. El trabajo saturnino se hace en la materia y aquí dejaremos algunas indicaciones casa por casa.

Las conferencias podrán verse gratuitamente el mismo día de su emisión y con posterioridad tendrás la opción de comprar el pack con todas ellas a un precio muy conveniente, para que las veas cuantas veces quieras.

A continuación todas las coordenadas del evento:

-Cuándo: Desde el 27 de marzo al 1 de abril. Mi ponencia será el día 30 de marzo.
-Dónde: Accede online desde cualquier lugar del mundo
-Cómo obtener tus entradas GRATIS? Haciendo click aquí:  https://go.hotmart.com/W23063927X


Todos/as invitados! Obtén  tu entrada y disfrútalo desde tu hogar o desde donde quieras!

viernes, 20 de marzo de 2020

Hipótesis de Decodificación del Coronavirus Sars-Cov-2

Lo primero es aclarar que los Coronavirus son una familia de virus conocida desde hace tiempo, por lo que el Sars-Cov-2 sería sólo una variante más dentro de dicha familia. Por el tipo de síntomas que se asocian a este virus no es difícil saber de qué tipo de conflictos se trata. Afectan principalmente al sistema respiratorio, por lo que deberemos buscar en el riel de broncas y miedos en el territorio (el “aire que me rodea”). Además, ya hay decodificadores que han publicado la decodificación general de los Coronavirus (Ver “Decodificación Microbiológica y Viral – E. Bouron).En este caso, la decodificación que propongo a modo de hipótesis es la siguiente:

Decodificación general presunto Sars-Cov-2:

-Conflicto territorial por no poder tumbar abajo al que tiene la corona, vivido en una tonalidad de víctima-agresor y de poderoso-impotente (“Soy víctima de los que ostentan la corona -políticos, gobierno, clases acaudaladas, aristocracia, empresariado- y que por tanto no me permiten coronarme y liberarme de su paternalismo arbitrario y dominante”).

-Conflicto con la incapacidad e impotencia de coronarse vencedor en una disputa territorial con tonalidad de desamparo e insuficiencia de poder.

-Conflicto de amenaza territorial con tonalidad de vencido/vencedor (víctima - agresor) en un diferendo que no se pudo ganar y que define el gobierno del territorio y sus disposiciones.

Esto debemos complementarlo con las decodificaciones específicas de los cuadros sintomáticos respectivos de cada caso para afinar la decodificación.

ACTUALIZACIÓN 2021: Hasta el momento no hay evidencia que permita afirmar la existencia de un presunto virus nuevo llamado Sars-CoV-2, debido a que el aislamiento y purificación viral no se ha hecho de manera satisfactoria (los estudios que así lo afirman carecen de una metodología que tenga una base lógica y biológica coherente que permita afirmar dicho aislamiento, por mucho que se ocupe esta palabra) lo cual ya constituye una suficiencia lógica que imposibilita afirmar que exista una enfermedad llamada COVID-19 asociada a este presunto virus (cuyo código genómico fue en su mayor parte creado a partir de bases de datos de genomas y software computacional, asumiendo parecido con otros coronavirus). En caso que el lector se pregunte por las muertes a las que se le ha adjudicado ese diagnóstico, basta ir a la raíz del asunto: se han diagnosticado basadas en un test (PCR) no apto como herramienta de diagnóstico y en presunciones y sospechas, no en hechos. Más aún, la lógica de base asociada a los protocolos de aplicación de dicho test no tiene sostén ni fundamento por una cantidad de motivos (inespecificidad, diseño de primers, umbral de ciclos, etcétera) comenzando por el mencionado arriba: si no hay un virus identificado entonces no hay nada que detectar.

Entonces, lo que nos da la clave aquí es recordar que cuando hay movimientos colectivos intensos, nueva información entra al inconsciente colectivo, a la cual los sistemas biológicos deberán adaptarse. Por lo tanto, lo que porta las claves de este proceso es la decodificación simbólica y astrológica (citada más abajo). El inconsciente no se equivoca y el nombre "Corona" no es casual. Esta es la auténtica clave simbólica tras el proceso evolutivo que como colectivo humano está ocurriendo.
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Astrológicamente corresponde sincrónicamente por tránsitos a un momento de conjunción Saturno (responsabilidad, madurez)-Plutón (miedos, psicosis, destrucción y derrumbe de estructuras psíquicas, culturales, socioeconómicas y de todo tipo que se encuentren desalineadas con el momento evolutivo actual), junto a otros planetas en Capricornio (campo energético que representa las estructuras y el sistema socioeconómico y cultural en boga), todo lo anterior conjugado con Neptuno en Piscis (o nos unimos en la auténtica conexión espiritual colectiva, o nos uniremos a través del victimismo y del miedo) y Urano en Tauro (la comodidad y estabilidad de la inercia de vida entra en un vacío que lleva a cuestionamientos y desestructuración que a su vez tiene el potencial de generar cambios financieros y en la gestión de los recursos, entre ellos los materiales y monetarios). 

En síntesis: Es hora de asumir la responsabilidad por todos los aspectos psíquicos que ahora saltan a la luz y que impiden la madurez interna para ser los conductores del propio destino (gobernar el propio territorio, que incluye también al espacio psíquico). Es hora de madurar espiritualmente y afrontar nuestras sombras psíquicas individuales y colectivas que nos impiden ejercer el poder interno y autocoronarnos como soberanos, constructores y conductores de nuestros destinos. Esto implica una oportunidad para el fin del victimismo colectivo donde se regala el poder a estructuras paternalistas caducas, que deben ser derruidas para que los movimientos evolutivos continúen su camino y el grupo haga el traspaso a un nuevo paradigma de adultez, donde la verdad es interna y no viene dada de antemano por otros. El vivir sin ejercer el poder interno (“Quiero que otros me digan qué debo pensar, cómo debo vivir, qué cosas debo creer y cuál es la verdad”) ha creado un estado de infantilismo psíquico que debe transformarse completamente para que nuevas formas de vida puedan construirse y los procesos globales continúen en la adecuada frecuencia. El “Poder de ser” es entonces un tema fundamental en este momento astrológico, que determinará si la conexión con el otro se hará a través del miedo y el pánico, o a través de dicho poder. Este al menos es el potencial de este momento evolutivo.

lunes, 16 de marzo de 2020

Los virus, el contagio y las epidemias

Este texto va dirigido a quienes están listos para dejar de ver a la enfermedad como un mal a combatir desde el miedo y la ignorancia y en cambio están dispuestos a entrar en lo que se muestra tras las apariencias de lo que comúnmente se cree. Para quienes sospechan o saben que las cosas no son como nos han contado. Para esas personas, sean pocas o muchas es que ha sido escrito. 

La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre
C. Jung


Qué es un virus? Según las observaciones de la medicina convencional, es básicamente una cadena de ADN o ARN sencilla o doble, envuelta por una membrana proteica que la recubre. Y ya está. El virus no tiene estructura celular (no está hecho de células), no tiene metabolismo, es decir, no ejecuta los procesos químicos y biológicos que caracterizan a la vida celular. Tampoco registra procesos de crecimiento o adaptación al entorno como sí hacen los seres vivos. Y finalmente, no pueden reproducirse. La replicación de su código se produce sólo en presencia de una célula que lo facilite. En conclusión:

UN VIRUS NO ES UN SER VIVO

De aquí se desprenden muchas consecuencias. Puede “atacar” algo que no está vivo? Puede ser agresivo algo sin vida? Cuando nos pegamos con el dedo meñique del pie en la pata de una mesa, decimos que la mesa nos atacó o fue agresiva con nosotros? Evidentemente, la respuesta es NO. Adjudicarle vida a un virus es tan absurdo y carente de sentido como decir que “La mesa, que es muy agresiva, me atacó”. 

Entonces, qué es un virus? Fundamentalmente es un “pendrive” biológico que lleva en sí una actualización (en forma de código de ADN o ARN) que contiene la solución biológica a un conflicto de adaptación que tiene el organismo receptor del virus. Cómo llega entonces el virus, que no tiene vida a la célula? Simplemente porque nuestra central de comandos biológica llamada cerebro, que es la encargada de velar por nuestra supervivencia momento a momento permite mediante un acceso autorizado al virus a ingresar a la célula (que es la que lo atrae) sin ser destruido o descartado por el sistema de limpieza y mantención, antes llamado “sistema inmune”, nombre que por supuesto no tiene sentido ya que no vivimos en una guerra defensiva.

Este acceso no es aleatorio ni casual, sino que se debe a que, mientras estemos vivos, el cerebro responderá a la información conflictual que se le ingrese y, si la percibe como amenazante para la supervivencia, entonces desencadenará un programa adaptativo (llamado “enfermedad”) para justamente adaptar al organismo a esta nueva contingencia. En otras palabras, cuando en nuestra vida cotidiana vivimos un conflicto que no gestionamos y que el cerebro detecta como un sobrestress que excede sus márgenes de tolerancia, entonces pondrá en marcha el programa de adaptación llamado “enfermedad”, y es durante un momento preciso de este programa cuando ingresan en escena los virus, que portan la información específica que el organismo necesita incorporar para solucionar el conflicto en clave biológica (que es el código que maneja).

Nos enfermamos por los conflictos que creamos con nuestra psique en conexión con nuestro soporte biológico. El cerebro está desde tiempos inmemoriales programado para detectar todo lo que sea amenazante para la supervivencia del organismo que comanda, y cuando tenemos un conflicto cualquiera capaz de generar un biopsicoshock que no gestionamos conscientemente, ya sea porque no podemos, no sabemos o no lo expresamos, entonces el cerebro leerá la información conflictiva, no importándole si se trata de un conflicto imaginario, simbólico, real, virtual, figurado, etc. ya que lo que detecta es toda aquella impronta energética que lleve al sobrestress y al agotamiento, y cumplirá con su función, que es garantizar nuestra supervivencia momento a momento. Entonces, acto seguido ejecutará un programa (de los que tiene cargados en su base de datos, llamada ADN) para adaptar las partes u órganos de nuestro organismo que se requieran para así atender la contingencia. Esta adaptación es lo que conocemos como “enfermedad”.

Por lo tanto, la enfermedad es la SOLUCIÓN a un CONFLICTO que se tuvo previamente y que, al no ser gestionado demandó una respuesta biológica, desencadenada por el propio cerebro automático, que entonces adaptó al organismo a esta nueva contingencia. La enfermedad es, por tanto, una RESPUESTA ADAPTATIVA DE SUPERVIVENCIA activada a partir de un sobrestress generado por un conflicto bio-psico-emocional que se desencadenó en nuestra psique.

Se desprende entonces que para desactivar la enfermedad se hace necesario liberar a nuestro cerebro de tener que gestionar y solucionar el conflicto de forma biológica (el cerebro nos “habla” a través de la biología ya que esa es la clave que maneja) para traerlo a la luz y gestionarlo de forma consciente, haciendo todo lo necesario para que la carga conflictual que hay en nuestra psique deje de ser tal. Esto en la práctica a menudo involucra cambio de perspectivas, de creencias, patrones de comportamiento y formas de actuar que no ayudan a resolver dicha carga que creamos. 

Los virus son parte del sistema microbiano y viral en el que estamos inmersos. Se calcula que en nuestro organismo tenemos tanta o mayor cantidad de bacterias que de células. Esto ocurre porque las bacterias son ayudantes al servicio del organismo cuando se las necesita. Una infección por ejemplo, es parte de la llamada “fase de reparación” de la enfermedad, que es cuando el cerebro debe deshacer lo que hizo anteriormente para adaptar el organismo al sobrestress que mencionábamos. Es en este momento que aparecen los síntomas y es cuando vamos al médico. Este último, como desconoce el funcionamiento de la enfermedad, verá los focos infecciosos y culpará a virus y/o bacterias buscando erradicarlos, sin darse cuenta de que en realidad están haciendo su trabajo para que el organismo pueda volver cuanto antes a la normalidad que tenía antes del peak conflictual. Del mismo modo, los virus tienen un tropismo (afinidad) específico que no compatibiliza con cualquier célula, por lo que sólo son útiles allí donde pueden acoplarse, para que de este modo la célula o la bacteria que los reciba pueda usar su código de actualización (el ADN o ARN que porta el virus) y entonces pueda modificar su funcionamiento y adaptarse a los nuevos requerimientos del organismo. Los virus ayudan por ejemplo a la destrucción de tejidos y a fagocitar y eliminar bacterias y otras células que ya no sean necesarias.

La simbiosis habla de las asociaciones benéficas entre organismos
Cuando el conflicto que hemos creado tiene algún matiz o tonalidad nueva, no vista anteriormente es cuando aparece el virus (cuya creación y origen aún es un misterio, pero que presumiblemente son creados por seres vivos tras responder a un conflicto adaptativo para el cual su base de datos -llamada ADN- no tenía una respuesta, lo que justifica dicha creación) que como ya dijimos porta en su interior un trozo de código con la información necesaria para adaptar el organismo que lo recibe al funcionamiento biológico que requiere el nuevo conflicto. Por esta razón es que el virus sólo podrá actuar en organismos que tengan registro presente de dicho conflicto. De este modo es que en un grupo de personas experimentarán síntomas sólo aquellos que tienen el conflicto. El resto no. No importa si comen, beben, se besan, tienen sexo o hagan lo que hagan juntos. Sin la carga conflictual no hay desencadenamiento de la enfermedad. A menudo vemos que en una familia hay miembros que tienen una enfermedad supuestamente “contagiosa”, mientras que otros con los que conviven no la tienen. Estamos tan adormecidos que raramente cuestionamos esto con nuestra lógica más básica y elemental.

De aquí se desprende además que la teoría del contagio es errónea y no tiene sentido alguno, ya que el lugar del que se derivó (la teoría microbiana de la enfermedad, formulada a partir de Pasteur) no es más que un equívoco de percepción al tomar los virus y bacterias como atacantes y causantes de enfermedad. Que en la enfermedad haya presencia de virus y bacterias no implica que sean los causantes del cuadro sintomático respectivo. Este equívoco de percepción se ha mantenido en el tiempo porque la medicina académica -que es su propagadora- desconoce el funcionamiento de la enfermedad y únicamente ve sus manifestaciones sintomáticas, correspondientes a lo que como decodificadores sabemos que es sólo su segunda fase, llamada “fase de reparación”. Lo que el médico ignora es cómo se llegó hasta ese punto de manifestación biológica, y es esta ignorancia la que le hace interpretar todo de manera errónea. En consecuencia tanto la microbiología como la inmunología académica están construidas sobre bases completamente erróneas, ya que su perspectiva sobre la que interpreta los hechos es un equívoco de percepción, es una apariencia (“virus y bacterias son los causantes de la enfermedad”) pero no el fenómeno real. 

En conclusión, debido a que la enfermedad obedece a patrones matemáticamente precisos de funcionamiento basados en leyes (si se tiene el conflicto, hay enfermedad. Si no, no la hay. Es como el sistema binario: o hay un 0 o hay un 1. Sin intermedios) todo tipo de medida “anti contagio” (como el uso de mascarillas, protectores, alcohol, cuarentenas, etc.) carece de sentido y es un absurdo sólo sustentado por la ignorancia y el miedo que esta creencia provoca en el inconsciente colectivo, pero biológicamente no tiene ningún sustento, ya que la enfermedad responde a leyes de funcionamiento y no a la aleatoriedad ni a la casualidad. Más aun, resultan muy curiosas estas medidas cuando los virus y bacterias abundan por todos los sitios (incluido nuestro cuerpo), ya que son parte de lo que ayuda a la vida a mantenerse y adaptarse. Estas medidas tienen tan poco sentido como intentar protegerse del aire y es inaudito que se sigan sosteniendo ya que no resisten ninguna exploración lógica elemental.

LA RESONANCIA CONFLICTUAL

Y entonces, qué pasa cuando hay una epidemia o pandemia? Cuando muchas personas resuenan con un mismo tipo de conflicto, lo que por ejemplo ocurre cuando en algún sitio del planeta el inconsciente colectivo experimenta movimientos, sacudidas y roces que terminan generando conflictos compartidos, entonces mucha gente comienza a resonar y alinearse con una misma frecuencia y viviendo un mismo conflicto. Cuando viene la fase de reparación respectiva, entonces aparecen los síntomas y la inercia cultural comienza a hablar de “contagio”. En realidad lo que ocurre es que simplemente esas personas están resonando en una misma frecuencia con respecto a lo que los conflictúa. Esto es posible porque a nivel de inconsciente estamos “pegoteados” por lo que la transmisión de información es inmediata. Mientras menos grado de individuación tenemos activo, más fácil es que nos acoplemos y comencemos a vibrar en la misma frecuencia en que lo está haciendo la masa y entonces nos adosemos a su carga conflictual por inercia inclusive, facilitando que la reproduzcamos en nosotros mismos. Lo que ocurre es un fenómeno físico de resonancia y no una ruleta aleatoria de gérmenes ni de virus (estos ni siquiera están vivos, recordemos). Es por esta causa que cuando este panorama se presenta, iremos a buscar cuál es el conflicto común que experimentó el o los grupos humanos implicados justo antes de la fecha en que comenzaron con los síntomas.

Cuando los medios de alcance masivo difunden la alarma, el miedo hace el resto, y quienes están propensos a acoplarse a la frecuencia sostenida por los enfermos, comenzarán a hacerlo, basados en el miedo a la enfermedad, que lo que genera es justamente dicha enfermedad, ya que el cerebro soluciona el sobrestress constante de “miedo a la enfermedad/miedo al contagio” generándola, de este modo al enfrentarnos a lo que tememos es justamente como se resuelve la carga conflictual de temerle a algo que “me puede venir”. Este miedo es a menudo infinitamente más enfermante que la mismísima enfermedad, y es la principal causa de la propagación y mantenimiento de síntomas que en principio solamente son una respuesta concreta y precisa a un conflicto específico, y que duran un tiempo determinado y luego desaparecen tras haber cumplido su cometido.

En la práctica es finalmente el miedo el elemento más peligroso en un conflicto colectivo, ya que multiplica miles de veces la intensidad y la duración de dicho conflicto.

EJEMPLOS

Para la psique del niño la profesora también es una figura maternal
Un ejemplo a pequeña escala ocurre con la varicela, que puede responder a un conflicto de cambio repentino con tonalidad de separación con respecto a una figura maternal. A menudo es el caso de los niños pequeños cuando, por ejemplo, hay un cambio de profesora (la mencionada figura maternal) que ellos recepcionan mal y entonces generan un conflicto inconsciente que codificará en dicha enfermedad. El establishment hablará de “contagio”, lo que es erróneo. En realidad es una vivencia compartida por todos los niños que enfermaron. Y los que no están en el riel de esa vivencia no enfermarán aunque convivan a diario y lo compartan todo con sus compañeros.

Otro ejemplo muy mencionado de la resonancia conflictual es el aumento de casos de tuberculosis cuando finaliza una guerra. Al sellarse la paz se acaba el constante conflicto de miedo a la muerte que aparece al desarrollarse la guerra, y entonces es cuando comienzan a aparecer los síntomas y muchas personas serán diagnosticadas con tuberculosis. En decodificación sabemos que la tuberculosis responde a un conflicto vital de miedo a morir (o a la muerte de alguien querido), ya sea por guerra, asfixia, inanición, etcétera.

Las dos fases de la enfermedad (Fase de conflicto activo o simpaticotónica y Fase de reparación o vagotónica). Click para agrandar.
Cuando una nueva información hace su aparición en el inconsciente colectivo, o cuando alguien ingresa en una “zona” de dicho inconsciente que funciona de otra manera (por ejemplo, al viajar a un país o cultura diferente, o tras el arribo de otra cultura distinta al propio territorio), entonces entra en contacto con información que no necesariamente maneja y a la cual todo su sistema biológico deberá adaptarse. Si genera conflictos en este proceso de adaptación, entonces es cuando podrá enfermar, mientras que si no es el caso no enfermará aunque todos a su alrededor lo estén. La palabra clave de la enfermedad es ADAPTACIÓN. Nada más ni nada menos.

Llegados a este punto es preciso observar que todavía pocas personas cuestionan lo que no entra en los condicionamientos culturales, académicos y sociales y son capaces de mirar más allá del ejército gregario e irreflexivo que al día de hoy está intentando reemplazar automáticamente con la ciencia el lugar vacante que dejó la religión a modo de parámetro de autoridad paternalista con la supuesta potestad de determinar qué es verdad y qué no para todos los demás. Y al hacerlo ponen su poder creador al servicio de la realidad que otros crean, respondiendo ciegamente a sus vaivenes. Después de todo, qué más podría hacer una persona que se cree sin poder alguno y sólo sigue a los rebaños, sin importar si estos van directo al risco? Quienes han sido capaces de traspasar la capa de las apariencias y equívocos seguramente notarán que el paradigma actual de salud y enfermedad sólo se sostiene por el miedo a la enfermedad que todavía paraliza a muchos, ya que lo que en dicho paradigma se pregona en forma de “verdades comprobadas científicamente” en realidad no resiste un análisis basado en la lógica más primaria y esencial.

Finalmente, cuando se alcance una masa crítica que busque activamente las respuestas que aún no encuentra, muchas puertas se abrirán y el giro copernicano que está ad portas de la comprensión de la salud y de la enfermedad estará, cuando menos, un paso más cerca.


viernes, 13 de marzo de 2020

Virus, miedos y evolución colectiva

El traspaso a un nuevo paradigma de la salud implica un paso importante en la maduración individual y luego colectiva. Implica dejar de alimentar el personaje de la víctima en el que hemos estado atascados, que es el que cree que "Esto me pasa para mi fatalidad", "La enfermedad me viene de afuera", "Es algo desconocido y terrible ante lo que no puedo hacer nada porque no tiene nada que ver conmigo", implica dejar de lado esta vibración energética y en cambio comenzar a recordar que gestiono un rico campo de información y energía, que llamamos "mundo interno", en el que se mueven mis pensamientos, creencias, emociones, patrones de conducta, programas adquiridos, actos, etcétera y que soy el administrador y cocreador de todo eso, con capacidad de editar o modificar lo que crea adecuado cuando lo crea adecuado, y también de pedir ayuda para hacerlo cuando me sienta en dificultades.

Esto en la palabra es sencillo pero para que lo sea también en la práctica implica un compromiso constante con la madurez de lo que la vida nos indique que necesitamos madurar. Implica dejar de ser colonizados por las creaciones colectivas de miedo, paranoia, y falta absoluta de poder y de reflexión consciente. Implica ir reconociendo los lugares desde dónde nos estamos moviendo. Implica ir procesando los miedos que en todo campo de información pueden existir, incluido el miedo a la enfermedad (que justamente a lo que ayuda es a generar enfermedad, de este modo lo superamos y así es como el cerebro baja el sobrestress: generando lo que tememos, así se convierte en una experiencia y no en un temor constante). Implica reconocernos como los principales gestores del poder sobre nuestra salud, y dejar de regalarlo a entidades, academias, autoridades, pánicos colectivos, ideologías, medios de comunicación, industrias de la salud, y a quien sea (incluido al que escribe ;) ). En lugar de eso podemos utilizarlo para indagarnos en nuestras profundidades e indagar en las profundidades de lo que ocurre tras las apariencias, invertirlo en darle la vuelta a nuestro miedo a la enfermedad, a lo desconocido entrando justamente allí y ver que realmente ese miedo puede ocultar verdaderos tesoros para nuestros procesos de vida. Pero para averiguarlo hay que atreverse y poner toda la carne en la parrilla, sin tibieza. No sirve ser espectador pasivo y consumidor de las verdades prefabricadas que se ofrecen. En algún momento hay que pasar a la acción y encarnar esa búsqueda y no sólo imaginarla. Cada uno a su manera y como resuene, pero llevarlo al acto, a la experiencia. Invertir energía, tiempo y recursos en ella. Es mucha la cantidad de personas que simplemente se acoplan a la creación de realidades colectivas que no les agradan ni favorecen solamente porque no se han decidido a emprender dicha búsqueda y se han quedado en la falsa comodidad de lo establecido, mientras su alma se queda sedienta, pues las fotocopias o clones no le valen, sólo lo auténtico que ya tiene para ofrecer y que dicha falsa comodidad acalla y anestesia. Desde esa autenticidad es de donde vibra para contribuir a nuestros procesos colectivos como humanidad.

Todo tiene un precio, y no siempre es en dinero; también implica compromiso, constancia, dedicación, voluntad y persistencia, y sin estos ingredientes al servicio de un viaje interno (que nadie puede hacer por nosotros) seguiremos estancados alimentando realidades que definitivamente no nos favorecen si ya nos decidimos a convertir los miedos en un material evolutivo que nos lleve a una nueva etapa. De otro modo, quienes elijan -conscientemente o no- vibrar en la frecuencia de los miedos colectivos seguirán experimentando sus sombras a través del pánico, la paranoia, el terror y el conflicto global que el personaje de víctima alimenta y necesita para seguir perpetuándose y de este modo hacerse visible, hasta que, en algún posible momento, cada persona decida verlo, escucharlo, tomarlo de la mano e integrarlo conscientemente a su experiencia de vida, pagando el precio interno que ello pide. Y este es un primer paso para la transición a un nuevo paradigma de la salud.


jueves, 13 de febrero de 2020

Cáncer - Su impronta energética


La fase Cáncer de la rueda zodiacal hace referencia al momento en que se forma una capa protectora que contiene, nutre y aísla del exterior al proceso o forma de vida que esté cobijando, para que esta pueda crecer y desarrollarse de forma segura hasta que vaya tomando su forma más desarrollada hasta que luego pueda individuarse y constituirse en un centro creador e irradiante al pasar a la siguiente fase, que es la de Leo, y que representa un momento de individuación (“Yo soy un centro desde del cual irradia la vida”). 

La energía canceriana tiende entonces a contener, a proteger y a formar una capa protectora que aísle lo suficiente de los posibles embates del exterior para que aquello que protege pueda crecer tranquilo, contenido y alimentado emocionalmente con todo lo que necesita para su seguridad y desarrollo. Se trata de una energía de agua, por lo que su dominio innato en el ámbito de lo humano es el mundo de la emoción y del afecto, y es desde allí que se posiciona para decodificar su entorno y vincularse con él. Va por ahí buscando sentir siempre que está dentro de cierta burbuja que le proporcione un ambiente seguro emocionalmente, donde pueda surgir la intimidad y la certeza de que el crecimiento es posible. Y es también desde allí donde puede nutrir o alimentar a otros. Así como Capricornio es un constructor que busca plasmar algo en la materia de forma perdurable, Cáncer es un protector que busca proporcionar un entorno afectivo y material seguro y propicio para que la vida pueda crecer y desarrollarse en su seno, teniendo siempre todo lo necesario a mano. 

Ahora bien, cómo se refleja esto en el caso de nosotros, seres humanos? Porque una cosa es la energía de este campo zodiacal y su rol específico dentro de cada proceso de vida, y otra distinta es cómo la hemos vivido y encarnado nosotros con nuestra humanidad cargada de condicionamientos y moldes culturales. Una energía zodiacal no está exenta de ser vivenciada por nosotros a través de todos estos filtros (o bloqueos!) que surgen desde lo cultural propio de cada rincón del planeta, y Cáncer no es la excepción. En el estado evolutivo actual en que como colectivo humano estamos, lo canceriano no está ajeno a una serie de problemáticas que pueden constituir un tope u obstáculo para el sano desarrollo de todos los otros aspectos y energías presentes en la carta natal de cada persona. Para empezar, ya que esta energía zodiacal tiende a contener y formar una burbuja de protección, hemos vivido lo canceriano como una fuente de apego emocional y afectivo (cuya figura clásica es la familia tradicional, donde hay lealtades y reglas tácitas) y que, de pretender eternizar este ambiente de seguridad emocional, coarta o limita toda posibilidad de crecimiento y de madurez a quienes esté cobijando, puesto que a una cierta edad de desarrollo ya necesitan salir al mundo que es externo a su "bunker" protegido e íntimo, conocer la vida de fuera y los vínculos de todo tipo, equivocarse y cometer sus propios errores y así llegar a sintetizar sus propios aprendizajes de cómo es esa vida, cosa que es del todo difícil cuando la persona se ha puesto en manos de alguna figura maternal o paternal que al estilo canceriano le dice que “Todo estará bien si estás siempre aquí, junto a mí, en tu rincón seguro a salvo de las durezas y rudezas del mundo”. Por lo tanto, para la persona con fuerte presencia de Cáncer en su carta natal, aceptar que los hijos, los amigos y los seres queridos tienen que crecer, madurar y tomar su propio camino, lejos del suyo, constituye un desafío que necesitará transitar. Cuando no lo logra, tenderá a vivir anclado en la nostalgia, recordando los tiempos aquellos donde todos convivían bajo el mismo techo en el mismo hogar y –en su visión- eran felices así, deseando en el fondo que esta imagen nostálgica se prolongase por siempre. 

El excesivo apego y la dependencia emocional entonces requerirán del canceriano/a un buen manejo de sus emociones, capaz de entender que el amor y el cuidado son un regalo que se ofrece a los hijos de la vida, y que no tiene sentido cobrarlo o esperar que venga de vuelta tal como él lo quisiera. Cáncer necesita recordar que el amor (maternal, paternal, de pareja, fraternal, etc…) no está sujeto a condiciones, por lo que si espera y cree tácitamente que “el otro DEBERÁ estar allí para mí sólo porque yo estuve allí para él” (incluso cuando no me lo pidió), entonces en ese mismo instante ha abierto la puerta a la decepción, ya que cada persona tiene su propia vida, y tarde o temprano deberá seguirla. Debe renunciar a la pretensión de dirigir el mundo emocional del otro según su propia conveniencia. 

Debido a sus tendencias protectoras que encierran o aíslan temporalmente a cada forma de vida para que esta crezca, Cáncer tiende a forjar separaciones rígidas en su mente, en las que de un lado está su círculo íntimo, o sea aquellas personas en las que puede confiar que no pondrán en riesgo su seguridad emocional, y del otro lado están todos los demás. De aquí que tienda a encerrarse en una fortaleza emotiva que excluye a quien está fuera únicamente por estar fuera (“el mundo es peligroso”). La vida se encargará de mostrarle que el afecto va más allá de sus barreras, ya que su seguridad emocional depende básicamente de su capacidad de dejar de reclamar asistencia a su entorno y de profundizar en el gran potencial de autosostén emocional que está a la base de su desarrollo. Si el canceriano/a es capaz de pasar del excesivo apego a dicho autosostén emocional, entonces es bastante lo que ha aprendido. 

En definitiva, Cáncer nos incita a lograr la maestría en forjarnos una sólida base emocional, capaz de nutrir, proteger y cuidar la vida para que ella florezca bajo nuestros cuidados en todas sus formas, pero sin olvidar jamás que la vida tiene su propio curso y que un día necesitará dejarnos atrás y salir a terreno abierto. Y cuando llegue ese momento debe evitar sentirlo como una traición (“Yo que te cuidé y te di lo mejor, así me pagas, yéndote y dejándome solo/a?”). Mejor alegrarse por las puertas que se abren y sonreír confiados. Si eso ocurre, será el día en que el canceriano sea capaz de sostenerse emocionalmente, y que entonces no desea volver dependientes a los otros para que lo sustenten, sino que se mantiene en su gran capacidad de gestión emocional feliz de que la vida expanda las fronteras de su mundo afectivo. 


martes, 14 de enero de 2020

Plutón, la violencia y los procesos evolutivos


Mucho puede hablarse de Plutón, en astrología una fuerza planetaria que a menudo ha estado rodeado de una cierta mala fama que en estos tiempos recién comienza a disiparse. Plutón es un planeta transpersonal, por lo que está asociado a movimientos evolutivos de la vida en su conjunto, y dentro de dichos movimientos se encuentran nuestras trayectorias de vida con sus ciclos y vaivenes. El rol de estos planetas usualmente lo percibimos como penetrando y creando turbulencia en nuestras identidades cristalizadas, para así abrir el espacio y generar las circunstancias necesarias que garanticen la continuidad de nuestro proyecto de vida reflejado en la carta natal (la carta natal nos muestra el proyecto de vida del alma para su encarnación presente, recordemos).

Para comprender mejor estos movimientos evolutivos de la vida resulta de mucha ayuda dejar de lado toda noción preconcebida de moralidad y de “bien-mal”, ya que los movimientos evolutivos no funcionan en esta dinámica dual, si bien se nos escenifican en ella. Por ejemplo: en el diseño de la naturaleza, algunos animales se comen a otros y rasgan sus carnes para utilizarlas como alimento, en un acto donde podríamos decir que hay una fuerza y una “violencia” en la que vida y muerte danzan y se ponen cada una al servicio de la otra, haciendo que los ciclos naturales mantengan su equilibrio y la cadena alimenticia su orden. Cuando vemos estas imágenes de depredadores animales podemos reaccionar con desagrado ante el depredador y lástima hacia la “víctima”, pero la naturaleza no conoce ninguno de esos dos términos, simplemente reproduce un patrón de funcionamiento.

Del mismo modo, cuando hay puntos de inflexión en los movimientos evolutivos individuales o colectivos pueden sobrevenir grandes crisis, derrumbamientos, caídas de sistemas, de modos de vida, de certezas, cambio de condiciones, impulsos destructivos, violencia desatada, etc.

Sabemos que cuando Plutón (junto a otros planetas que se coordinan en el esquema de tránsitos de la carta astral) llega a ciertos puntos específicos de una carta es la señal indicadora de que estamos ad portas de un tiempo de traspaso profundo de formas, donde se abre la caja y salen las sombras danzantes que estaban enterradas en lo profundo de la psique y una danza de muerte y vida comienza tarde o temprano: Lo antes vivo, ahora necesita transferir su energía y su esencia al esquema, forma o patrón que ahora continuará el proceso, y a esto en ocasiones le llamamos decadencia, caída o muerte: es el fin de una cosa que pone su energía desintegrada al servicio de otra, de la que viene.

En estos procesos no hay moral implicada: no se trata necesariamente de que lo que ha de morir estuviera “mal” y por eso sucumbió. Se trata simplemente de que ya no es adecuado al momento presente del movimiento evolutivo. Es un proceso matemático y no moralista. La matriz dual en la que experimentamos lo que llamamos “realidad” tiene estos vaivenes por algún motivo: lo que sube, luego declina para subir de otra forma en la espiral siempre cambiante. Por esta razón tendemos a hablar de auge y decadencia, pero para la vida es solamente un movimiento que luego da paso a otro y a otro…

Ahora bien, una consecuencia de los tránsitos de Plutón en puntos críticos de una carta astral, sea a nivel colectivo o individual, es que las identidades que hemos construido (lo que creemos que somos) tambaleen temblorosas ante su posible desintegración: el que basó su identidad en su función de trabajador de un sistema económico que va directo a la decadencia puede empezar a sentir miedo cuando percibe que a dicho sistema le va llegando su hora y que va directo a su destrucción (“y quién seré ahora?”). Cuando estamos bajo un fuerte proceso plutoniano ya no nos es posible mantener vivo aquello a lo que le llegó su hora, y nuestras identidades se resisten a entregar la esencia de lo aprendido a nuestra alma, que ahora puja por desintegrarlas y desarmarlas. Y lo que usualmente hacemos es oponer resistencia con uñas y dientes. Y ahí es cuando entra en escena la “violencia” plutoniana, que asegura que el traspaso se hará, aun cuando ellas pataleen y griten. Y seguir resistiendo sólo contribuye a acumular frustración y sufrimiento porque un tránsito plutoniano intenso es simplemente un despertador (que por nuestro pataleo vivimos como crisis) que pone sobre la mesa y en plena luz del día, en plena evidencia lo que YA ESTABA ahí pero no se quería ni queríamos ver. ESE será el material, el sustrato de la transformación necesaria para continuar el proceso. Por eso es que cuando a un sistema colectivo (como ahora actualmente ocurre con el capitalismo) le llegó su hora, todo tipo de cosas que estaban reprimidas, negadas y no expresadas comienzan a aparecer: las sombras colectivas se levantan en plena luz del día pidiendo ser integradas a la conciencia del momento: todo lo excluido demanda nuestra atención con una fuerza tal que ahora sí que no podemos mirar hacia otro lado.

La mejor forma de transitar un movimiento plutoniano fuerte es colaborando con la destrucción interna de todo lo que ya no es funcional al momento, comprendiendo que la “muerte psíquica” de identidades que cargamos solamente deja mayor espacio para que emerjan las adecuadas al momento, a medida que vamos llevando a la luz todo lo que estaba escondido en el baúl de las represiones y de las sombras psíquicas, pues en realidad lo que vivimos como un final que da miedo es simplemente una transformación, del mismo modo que el proceso regido por Plutón que más miedo nos da – la muerte- es simplemente un traspaso de frecuencias, matemáticamente hablando.

En resumen, Plutón es la fuerza, la intensidad y la violencia necesaria para que la esencia de una forma sea traspasada a otra forma. Es la destrucción requerida para que las formas, los patrones y esquemas cristalizados, que llevan mucho tiempo asentados del mismo modo permitan su desintegración para que la fuerza vital pueda continuar su proceso ahora en otra forma y bajo otro esquema o patrón. Es la violencia que propicia el traspaso y que genera la desintegración que permitirá que una nueva vida emerja, que contiene también el material de la anterior pero ahora sirviendo a una nueva forma. Por este motivo se asocia este planeta a la muerte y la resurrección, que es una forma de aludir a las transformaciones profundas y radicales, donde nada queda exactamente igual que antes.