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domingo, 29 de diciembre de 2019

Decodificación biológica- Hipotiroidismo e hipertiroidismo

(Nota: la siguiente información es una guía general, y si bien en muchos casos es extraordinariamente precisa, cada caso es único y puede tener sus propios matices, que pueden estar no incluidos aquí. Es por ello que pretende servir de guía y no debe ser tomada como “receta” infalible.)

El hipotiroidismo y el hipertiroidismo a menudo están relacionados con conflictos con el TIEMPO. Si he sido diagnosticado/a con alguna de ellas debo buscar en mi psique inconsciente dicho conflicto con el TIEMPO. Es importante notar que aquí nos referimos a la percepción psíquica, interna del tiempo, que mi inconsciente lee como conflictiva. A qué me refiero cuando digo “conflictos con el tiempo”? Por ejemplo, a los siguientes: 

-Algo altamente stressante en mi vida se me está haciendo eterno y siento que no termina nunca (“Esto es de nunca acabar”). Por ejemplo, estoy atravesando una situación altamente conflictiva o desafiante, en la que vivo con una constante inquietud o miedo, y siento que eso no se resuelve y sigue y sigue…. En mi psique es como si me dijese a mí mismo/a: “Esto se me hace eterno, quisiera adelantar el tiempo para que terminase YA”. 

Ejemplo: Estoy en el internado, en un ambiente en que no me siento nada a gusto, sé que queda mucho tiempo aún antes de salir de esto y quisiera que terminase AHORA MISMO.

-Siento que más adelante en el tiempo hay un inminente acontecimiento conflictivo/desagradable que quisiera evitar a toda costa, como si en ese ámbito yo fuese “camino al matadero”, y entonces el conflicto es que “No quiero que eso ocurra”("Ojalá pudiese detener el tiempo para que no llegue ese día"). 

Ejemplo: Una persona muy querida para mí se irá muy lejos (viaje, muerte) en 6 meses y sé que una despedida es inminente y no la veré nunca más (es decir, en mi psique algo se termina). Por lo tanto, quisiera que el tiempo se detuviese o pasara MÁS LENTO; o tal vez que yo pueda tener MÁS TIEMPO para vivir muchas cosas con esa persona antes que se vaya, en el limitado tiempo que me queda. 

-Hay algo que quiero hacer, ver realizado o concretado y que nunca logro hacerlo o nunca pareciese “llegar”, como una meta que percibo como “lejana”, que voy ETERNIZANDO y que cada vez que me acerco a ella, me lo vivo como que no termino de dar el paso para llegar. 

Ejemplo: Una vez terminados mis estudios quiero dedicarme a la música como pasatiempo, pero siento que ese momento en que pueda hacerlo nunca llega, lo voy postergando y se aleja cada vez. 

-Tengo mucho por hacer y muy poco tiempo, siento que no soy lo suficientemente bueno/a en lo que hago y que debo hacerlo mejor. O tal vez tengo muchas cosas que atender y siento que el TIEMPO se “me va” fugazmente, y nunca me alcanza para hacer todo lo que quiero. 

Ejemplo: Acabo de tener otro hijo y entre el trabajo, trámites, rutinas y los otros hijos siento que el tiempo se me esfuma y nunca me alcanza para hacer todo lo que quisiera en los diferentes ámbitos de la vida. Quisiera ser MÁS RÁPIDO/A para alcanzar a hacer/vivir todo lo que deseo. 

-Tengo algún conflicto asociado al rendimiento y a la exigencia y siento que debo cumplir con todo de manera impecable, excelente, y en el tiempo que se espera de mí. 

Ejemplo: en mi hogar se valora enormemente la solvencia académica, por lo que debo aprobar cada asignatura o materia con niveles de excelencia o en caso contrario se desatará la ira de mi padre o de mi madre. En consecuencia, debo cumplir y aprenderlo todo (pues no me puedo dar el lujo de fallar) en el limitado tiempo que tengo antes de cada examen, por lo tanto necesito ser RÁPIDO para saberlo todo ANTES del examen o de que el profesor pregunte. Se espera que yo sea una máquina de respuestas. 

Cabe mencionar que la diferencia entre hiper e hipotiroidismo viene dada por un matiz en el conflicto que disparo en mi psique: usualmente el hipertiroidismo está asociado con una necesidad de ACELERAR, IR MÁS RÁPIDO en el tiempo, mientras que el hipotiroidismo se vincula con una necesidad de FRENAR, DETENER, ETERNIZAR el tiempo. Ante este requerimiento, el inconsciente biológico responde haciendo el cambio respectivo en el metabolismo. 

Si bien puede haber otros conflictos asociados a la condición hiper o hipo tiroidea, estos son los que se suelen hallar con mayor frecuencia. 

Finalmente, resulta adecuado recordar que lo que genera el conflicto psíquico-biológico conocido como enfermedad, es la VIVENCIA de la situación; es decir, cómo yo me vivo dicho acontecimiento, ya que eso es lo que genera una entrada activa de datos que el inconsciente biológico y el cerebro van a procesar y luego usarán para generar respuestas adaptativas a la vivencia conflictiva. Para cambiar dicha respuesta adaptativa y desactivar la enfermedad debo editar (modificar) la respuesta que doy modificando mi percepción de lo que me conflictúa. Para eso debo trabajar simultáneamente en los niveles de pensamiento, emocional, energético y biológico (que están interconectados entre sí). Este es el trabajo que se hace en consulta.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Nuevos paradigmas de la salud - Notas acerca de la enfermedad

La medicina académica se ha batido ya por más de un siglo en una guerra invisible contra supuestos enemigos, susceptibles de recibir todas las proyecciones del inconsciente individual y colectivo y entonces ser indicados con el dedo como culpables externos (uno de los deportes favoritos de la psique: la proyección) desde el surgimiento y la propagación de la teoría microbiana de la enfermedad, en donde se descubrió que había seres microscópicos que hacían “algo” desconocido. Ello bastó para ser sospechosos de generar todo tipo de enfermedades. Y es que la parte primal del cerebro que tenemos funciona así, está entrenada para la supervivencia, por lo que reacciona con miedo ante lo que desconoce y no comprende, poniéndolo automáticamente en la categoría de potencial enemigo. Y entonces, debido a los mecanismos defensivos de proyección de la psique, ante algo que no se entiende resulta mucho más cómodo poner enemigos fuera a los que luego responsabilizar por todo.

Como resultado, tenemos un paradigma de la salud que en realidad se ha erigido sobre la toxicidad del miedo más básico a lo desconocido. De ahí que todo lo que se sabe a nivel académico de la enfermedad es un equívoco de percepción porque parte de una distorsión cognitiva. La medicina mecanicista puede describir procesos y funcionamientos pero no sabe nada de lo que se mueve detrás de ellos. Y cada vez que intenta salir con hipótesis causales fracasa rotundamente porque provienen de esa distorsión de base. Cómo podría ser diferente si el terreno sobre el que germina sigue siendo el mismo desde hace más de 100 años?

En los nuevos paradigmas de la salud, sabemos que su funcionamiento no responde al azar (qué es eso, en todo caso?) sino a la vibración. Esto es simple física, ni siquiera es algo místico. En el inconsciente (allí es donde hay que focalizarse si se busca saber más de la enfermedad) la afinidad vibratoria está a la base del compartir percepciones y de las transferencias de información. No se trata de negar los buenos descubrimientos de la medicina convencional, sino de observarlos con una mirada desprovista de miedo y de preceptos morales, ya que la biología funciona en un ámbito donde no existe la moralidad, donde no hay un bien o un mal predeterminados, sino que funciona de forma tal que mantiene un orden que se adapta a las diferentes circunstancias con que se va encontrando. Y la enfermedad mirada con crudeza es simplemente eso: una respuesta de adaptación ante una entrada de información que debe ser gestionada. Sobre esa base ya podemos empezar con interpretaciones, nos parezcan estas favorables o no. Por ejemplo, en lo personal me parece muy favorable la interpretación de quienes han dicho que tras la enfermedad hay un mensaje, un aprendizaje claro y preciso escrito en clave inconsciente y biológica. Por lo tanto, para leerlo tenemos que descubrir también cuál será esa clave biológica, y para leerla tenemos que posicionarnos desprovistos de moralismos y de miedos asociados. 

En los nuevos paradigmas vemos la enfermedad como una respuesta matemática, desencadenada en el momento preciso y de la forma exacta, donde no hay lugar a confusión (es cierto, podemos no saber de dónde viene, pero es porque aún conocemos muy poco). La matemática, al igual que la biología y la física, no es dependiente de la moral: si se hace una operación, tendrá un resultado numérico y ya está. No hay nociones de “bueno” o “malo” detrás. No aplican. 

Desde ese miedo primal a lo desconocido hemos hablado de “contagio”, “sistema defensivo”, tumores “malignos” y cuanta otra cosa en lenguaje belicista y desempoderante. En mi experiencia, ninguna de esas cosas existe. Existen células, existen personas enfermas, existen tumores, y muchas otras cosas. He visto una y otra vez que detrás de la enfermedad propia y ajena hay una carga conflictual precisa, específica (no simplemente “emociones negativas” o “miedo”…eso es muy general todavía, y queremos más precisión), que puede haberse generado quizás en espaciotiempos muy lejanos (incluso en las dinámicas transgeneracionales con las que resueno o en vidas pasadas…) y haber pasado muy desapercibida, pero ahí está. Y su existencia tiene una finalidad muy específica y funcional. Tiene un propósito. De ahí que para pasar a la salud también hay que tener un propósito, capaz de sustituir y hacer propio el que la enfermedad está cubriendo. Si mi única forma de recibir atención es cuando me enfermo entonces la enfermedad tiene el propósito clarísimo de traerme el amor que creo no merezco de otro modo, por lo que mientras no descubra una mejor forma de hacerlo –un nuevo propósito- la enfermedad seguirá estando allí ayudándome a gestionar lo que no creo capaz de hacer. Si mi inconsciente biológico percibe a mi padre como un depredador exigente que me atacará si no obtengo la excelencia en los estudios, entonces mi miopía que no me deja ver el pizarrón de la clase tiene el propósito clarísimo de ayudarme a gestionar mi conflicto en clave biológica: si no puedo ver más la pizarra ya no puedo estudiar y fin del conflicto, tengo la respuesta perfecta…a menos que indague los porqués de que perciba mi supervivencia condicionada por la aprobación académica de mi padre.

Hamer y otros han mostrado que no hay nada parecido a la noción convencional de contagio. Más aún, mostraron que la enfermedad se dispara como reparación JUSTO DESPUÉS de que el conflicto que la origina se ha desplegado y resuelto. He visto esto funcionar con precisión matemática. Lo que sí hay es una trama relacional donde el inconsciente es una sola gran unidad, conectada entre todas sus “partes” -que no son tal, pero las percibimos de este modo- que se relacionan entre sí de infinitas maneras y entonces lo que hay es la posibilidad de vivencias compartidas a nivel de inconsciente. Cuando esto toma a un colectivo entero, se da lo que conocemos como “epidemias”, que es cuando hay un flujo de información conflictual común que está afectando a todo un grupo humano –o a varios. Un ejemplo clásico es cuando hay grandes movimientos o informaciones nuevas que entran en la psique inconsciente colectiva. Quienes entran en conflicto con lo nuevo, entran en la casuística de la epidemia (Véase por ejemplo la peste negra en el siglo 14, justo en el momento en que se daba la transición a un nuevo mundo, completamente nuevo, que marcaba el fin de una época).

De este modo, hablar de “sistema inmunitario” en términos convencionales no tiene sentido, lo que hay es un sistema encargado de la mantención y limpieza, pero no una trinchera con células “asesinas” a la espera perpetua de “ataques” ni nada que se le parezca. Los tan citados virus (cuando nadie sabe qué carajos, entonces “debe ser viral”…los médicos usan mucho el comodín del virus) ni siquiera están vivos, no se reproducen por sí mismos ni tienen metabolismo. Simplemente son tomados por resonancia allí donde tienen un propósito. Son un “pendrive biológico” donde cargan la información que resuena con el receptor. Si no está en mi la carga conflictual para la que el virus es parte de la solución adaptativa de respuesta, no me enfermaré aunque todos alrededor lo estén. De hecho esto me pasó muchas veces y pasa frecuentemente a muchas personas…y al parecer nadie se cuestiona el por qué. La explicación clásica médica es un argumento circular sacado del mismo paradigma antiguo: debe ser porque tienes un “sistema inmune” más fortalecido. Incluso han existido casos de gemelas unidas ("siamesas") donde una se enferma de neumonía y la otra no. Que haya enfermedades con presencia de microorganismos no implica que estos sean los causantes. Más aún, se dice que podemos tener tanta o más cantidad de bacterias que de células en nuestro organismo. Si esto es cierto…a nadie llama a reflexionar? 

Las evidencias de que la enfermedad y la salud no funcionan como nos han contado están a la vista y son objeto de la lógica más básica. Tal vez por eso mismo parecen ser lo más difícil de ver, más aún si estamos cegados por el miedo colectivo a la enfermedad, aprendido por el cerebro más primario como respuesta ante lo que aún no se comprende y luego transmitido en las cadenas de información transgeneracional y colectiva hasta el presente. A quienes nada de eso nos hizo sentido seguiremos observando e investigando desde otros lugares…

En el fondo, esta situación simplemente nos muestra algo que ya sabemos pero que no asumimos: que el miedo es el lugar menos indicado para elaborar hipótesis y pretender tomarlas como verdades absolutas.

lunes, 18 de marzo de 2019

Las resistencias al ir a consulta

En la práctica terapéutica se observa un fenómeno que se ve habitualmente entre las personas que deciden tomar una consulta (en este caso astrológica o de Decodificación biológica) en la que van a tratar temas que les competen y que son importantes para ellos. Se trata de las conocidas resistencias, que los que nos dedicamos a esto conocemos bien, pues también en ocasiones las detectamos o hemos detectado en nosotros mismos. 

Qué es una resistencia? Es una barrera (a menudo inconsciente) que coloca la persona para evitar avanzar y concretar procesos de cambio de patrones de vida o de comportamiento que están alojados en su campo de información. Funciona como un mecanismo protector del inconsciente ante lo que computa como un potencial “peligro”, basado en la información que tiene. Me explico a continuación: 

Cuando estamos en situaciones que nos llevan a que nuestra manera habitual de ver las cosas entren en crisis, o cuando para llegar a una nueva situación que vemos como deseable (sanarme de esta enfermedad, trabajar en lo que me gusta, dejar de ser víctima de maltrato, etc…) necesitamos salir completamente de lo conocido (por ejemplo: para sanarme de tal o cual enfermedad es necesario modificar mis patrones de víctima y atreverme a lo que nunca antes me había atrevido), necesariamente debemos romper los patrones y esquemas de comodidad que generan nuestra situación actual y llenar ese espacio con pensamientos, imágenes, sensaciones y acciones que nos pongan de cara al estado deseado. Este proceso usualmente tiene sus desafíos y para sostenerlo en el tiempo necesitamos transformar completamente la información y los comportamientos almacenados en el inconsciente, y aquí es donde comienza lo movido: dicho inconsciente lo percibirá como un “peligro”, por lo que tenderá a protegernos colocando una barrera para que la modificación no se haga. Simplemente reacciona y enciende las alarmas cuando detecta que algo podría desestabilizarlo y sacarlo de lo que tiene identificado como "terreno seguro". 

Y, si tomamos en cuenta que vamos a consulta a trabajar nuestros conflictos o en busca de generar cambios a lo que sentimos nos bloquea o estanca, entonces las resistencias pueden surgir en este proceso. Es habitual. Nos conviene detectarlas y revertirlas a nuestro favor. 

Cómo se observa esto en la práctica? Algunos ejemplos clásicos son los siguientes: 

-El/la consultante siente inseguridad justo antes (típicamente uno o dos días antes) de ir a la consulta, aun cuando tuviese certeza al agendarla. En ocasiones puede cancelarla o reagendarla. 

-Cuando la persona se apronta a ir a la consulta o cuando va en camino le surgen imprevistos de última hora que le llevan a cancelarla (se enferma alguien, un accidente en el camino, una sobrecarga laboral imprevista, falla el transporte público, etc.). Es decir, se configura una red de sincronías que sirven como excusa para evadirla. 

-La persona aplaza y cancela la consulta varias veces. La “patea” hasta que finalmente la quita del camino. 

Este fenómeno es bien conocido en terapia, por lo que se detecta rápidamente. Sin embargo, si ocurre antes de la primera sesión de consulta, el terapeuta simplemente puede abrir la puerta y dejarla abierta, y quien consulta debe atreverse y dar el paso cuando así lo sienta. 


Por qué tenemos patrones grabados en nuestro campo de información? 


Es preciso notar que todo patrón -por limitante que parezca- tuvo una utilidad al menos en algún momento y en algún lugar, por lo que tiene una lógica que se puede rastrear. Si mi patrón es no encontrar nunca pareja aunque la desee, está almacenado en mi inconsciente porque en un momento fue la respuesta adecuada a un conflicto, (mío o de algún ancestro del inconsciente familiar) y quedó grabado con una gran carga conflictual asociada. Por ejemplo, quizás uno o más ancestros de mi familia tuvieron que dejar su brillante carrera profesional por emparejarse con sus cónyugues, y luego lo pasaron muy mal, situación que les generó un gran drama que quedó sintetizado en un decreto que reverbera en el inconsciente familiar al que está ligado nuestro inconsciente individual: “Tener pareja = renunciar a mis sueños”, o quizás “Establecerse en pareja es arruinarse la vida”, o “La pareja impide mi desarrollo”. Así, queda grabado en dicho inconsciente familiar que “pareja = drama” (el inconsciente asocia), por lo que la solución perfecta es no tener pareja, patrón que típicamente algún descendiente carga en su información hasta que lo saque a la conciencia y lo reformule. 

Si una mujer de la familia murió o tuvo complicaciones en el parto de uno de sus hijos, o estuvo al borde de la muerte (cosa común hace algunas décadas), el inconsciente grabará que “Dar a luz = muerte” y veremos cómo alguna de las descendientes ya desde muy joven se aleja lo más que puede de todo lo que tenga que ver con tener hijos aunque los desee, ya que el patrón le advierte que hay un conflicto no reformulado asociado al parto. Este doble juego de desear lo que tememos es el que nos lleva a querer reescribir estos patrones. Es preciso notar que el inconsciente nos “protege” a su manera de lo que en algún momento del tiempo se grabó como un conflicto abierto (además su funcionamiento es atemporal, es decir, no ve en términos de pasado o futuro. Vive en un eterno presente. Si algo pasó hace décadas es como si estuviese allí hoy). 

El problema surge cuando el patrón se arrastra y se mantiene por más tiempo del que fue de utilidad y se arraiga allí en nuestro inconsciente, limitándonos la vida que queremos vivir. 


Qué hacer cuando detecto una resistencia en el proceso terapéutico? 

-Lo primero: reconocerla como tal, sin juzgarnos por ello pero viéndola con claridad. 

-Tener en cuenta de que si surge, es porque vamos por buen camino; quiere decir que detrás de ella están los cambios que buscamos. 

-Ayudarnos de ella para detectar las formas en que nos autosaboteamos en el proceso. Así ya estaremos cada vez más atentos y perderán su fuerza y su alcance. 

-Y quizás lo más importante: en ningún momento permitir que ella nos desanime y nos lleve a generar sentimientos de desánimo, pesimismo o fatalidad, ya que esto crea un círculo vicioso que retrasa el proceso. 

Con el tiempo, iremos detectando rápidamente estas resistencias. La idea es que cuando lo hagamos nos sinceremos y nos preguntemos: estoy dispuesto a pagar el precio que el cambio que quiero hacer implica? Si la respuesta es no, entonces podemos dejarlo para otro momento con total franqueza y ya está, no pasa nada. Y si la respuesta es sí, entonces podemos verlas como un trampolín que nos ayude a aclararnos para dar el salto que necesitamos y que queremos en este momento de la vida.

jueves, 24 de mayo de 2018

La curación y el precio a pagar

Desde algún tiempo me resuena con fuerza una frase que oí en una conferencia de Virginia Blanes –disponible en Youtube-, algo que con certeza muchos/as hemos oído alguna vez: “todo tiene un precio”. En su momento me causo un poco de extrañeza dicha afirmación aplicada a un contexto de desarrollo/transformación individual, pero luego de vivir algunas experiencias personales muy intensas y maravillosas –que me exigieron soltar muchísimas resistencias a los cambios- se me hizo evidente lo que en el fondo aquella frase quiere decir en la práctica.
 

¿A qué viene todo esto? Pues bien, con la enfermedad sucede exactamente como indica esta frase y aquello podemos formularlo así: para curarnos hay un precio. La pregunta verdadera es entonces, ¿estamos dispuestos a pagarlo? Cuando se le pregunta a alguien si desea curarse de su enfermedad la respuesta que seguramente recibiremos el 100% de las veces es “Sí”. No obstante, detrás de esa pregunta se esconde la otra, cuya respuesta decidirá en muchos casos (sobre todo en enfermedades como el cáncer, por ejemplo, en que suele haber un conflicto intenso y sostenido en el tiempo) si esto ocurrirá o no: ¿qué precio estás dispuesto a pagar? Es en este punto donde comienzan a aparecer las resistencias, los “sí, pero…”, los “voy a pensarlo” y comienzan las dudas, los temores a soltar nuestra PERCEPCIÓN de cómo creemos que deben ser las cosas para abrirnos a lo desconocido; como mínimo a un cambio de percepción que lleve a experimentar de nueva forma todo lo que estamos viviendo ahora mismo, en nuestro mundo “interno” y en el “exterior”.
 
Pensemos por ejemplo en un enfermo de cáncer de páncreas. Desde la decodificación biológica sabemos que muchas veces estará relacionado con un conflicto asociado a una vivencia de algo ignominioso, una afrenta o “golpe bajo” que la persona no se esperaba, como por ejemplo una traición, una conspiración laboral, una estafa de un socio de la empresa que se va con el dinero, un engaño con vileza, etc. Si esta persona lleva enferma mucho tiempo, sabemos también que su conflicto está allí, sin terminar de resolverse (de no ser así, estaría sano). En consulta se descubre su gran enfado e ira hacia la persona involucrada en dicha traición, enojo que se niega a procesar y liberar (“mientras esa persona no se disculpe de rodillas, jamás perdonaré lo que me hizo. Está muerta para mí”). Pues bien, si esta actitud rígida sigue su curso y la persona no está dispuesta a pagar el precio consistente en el reencuadre y cambio de perspectiva de la situación que experimentó (la traición, en este caso) y abrirse en la terapia a considerar el aprendizaje implícito en lo que vivió y a resolver sus emociones de otra forma, soltando su esquema mental de creencias de cómo deben ser las cosas -“el otro debe pedirme perdón para yo estar bien”-, el síntoma seguirá siendo la respuesta perfecta con la que su cerebro automático gestione biológicamente el conflicto en el que se halla inmerso, en gran medida gracias a su sistema de creencias, que lo prolonga indefinidamente. (recordemos que la mayoría de las veces lo que nos enferma no es lo que nos ocurre, sino la percepción que tenemos y mantenemos de ello). En casos como este, debemos ser muy claros en mostrar que la curación pide un precio (cambio profundo de perspectiva, experimentar de un modo diferente una misma situación) para así responder con toda franqueza si estamos dispuestos a pagarlo o es demasiado elevado para nosotros y preferimos no hacerlo. Parte del aprendizaje de la enfermedad es afrontarnos con esta consulta y resolverla en conciencia. Y la conciencia es radical: sí o no. No hay “medias tintas”. La curación parte con un “sí” total, completo. Sin reservas.

La situación no es distinta en otros ámbitos: quien es dichoso y feliz ejerciendo su vocación, con certeza ha profundizado en aquellos dones que ahora comparte con el mundo y si esto le ha llevado a redefinirse, pues que así sea. En cualquier proceso de cambio que estemos transitando llegará un momento donde la vida nos preguntará: “¿estás dispuesto a pagar el precio que el cambio que deseas implica?” Para cambiar de estado debemos estar dispuestos a tomar aquellas experiencias que la existencia nos ofrecerá para desmontarnos lo que nos limita y obstruye. Ante esto nuestras personalidades se enfadarán y resentirán pues se verán contrariadas al constatar que ahora las cosas se harán de forma diferente a todo lo que tenían por verdades y seguridades absolutas. Esto, si bien puede ser muy incómodo, es un buen síntoma de que algo se está moviendo. Si somos capaces de seguir el proceso –y para esto el acompañamiento terapéutico resulta sumamente relevante- colaborando con dicho movimiento en vez de estorbarle, llegará un momento donde notaremos de que todo era mucho más simple de lo que creíamos y que el precio a pagar consistía en salir de la comodidad de nuestras aparentes certezas y seguridades.
 
Si queremos ir más allá de lo que percibimos como nuestras limitaciones, siempre habrá un precio a pagar, y que una vez hemos dado el “sí” a dicho proceso desde un lugar de totalidad sin reservas, veremos que en realidad solamente perdimos lo que ya no necesitábamos y que ganamos algo esencial; nos ganamos a nosotros mismos en nuestro poder y grandeza de espíritu. Sólo perdimos nuestras autosostenidas visiones de pequeñez con las que nos habíamos identificado. Y nos daremos cuenta de que el único precio a pagar era soltar nuestras ilusiones para abrazar la realidad de ver las cosas como simplemente son, y no como creíamos que tenían que ser. Es dejar de exigirle cosas a la vida para permitir que nos abrace en su infinita calidez y abundancia en la que tenemos todo lo que necesitamos en cada momento para vivir en nuestra paz.