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lunes, 2 de septiembre de 2019

Por favor Mamá



Por favor mamá
Mira con buenos ojos
que yo pueda ser feliz a mi manera
que salga al mundo y me aleje de tus brazos

Por favor mamá
ve con buenos ojos
que yo reciba todo lo bueno que la vida tiene para mí
y lo honre en mi corazón

Quiero que sepas que el amor no muere, sólo cambia de forma
y es tiempo para mí de salir de tu regazo
de soltarme de tus brazos
y de correr libre por donde yo quiera

Todo lo que me entregaste fue perfecto
no faltó nada
y no hay fuerza en la tierra
que pueda mostrar el agradecimiento 
que siento en mi corazón
por tu valentía, tu amor, tu dedicación 
y todo cuanto me has dado
que es infinito

Mi alma se inclina con humildad
ante la inmensidad de todo cuanto has entregado
Sé que has tenido momentos muy difíciles
y que sin embargo saliste adelante
enseñándome la fuerza que tienes
y que la llevo también en mí
Sé que hiciste todo lo mejor
y es suficiente

Suficiente en mi corazón
Suficiente en mi alma

Permíteme ahora
mostrarte cómo hago lo mejor
con todo cuanto me diste

En nombre del amor
he seguido tus pasos
pero ahora me doy cuenta
de que no hay amor más grande
que el hacer lo mejor
con todo lo que me has enseñado

Hacerlo según el latido de mi corazón
hacerlo según el vibrar de mi alma

Por amor nací
por amor me cuidaste y me ayudaste a crecer
por amor te seguí
y también por amor hoy digo gracias y te pido tu bendición

Para seguir mi camino
según mi propio latido
según mi propio ritmo
que en el fondo no es otro
que el latir de la vida
que un día nos junta
y tal vez al otro nos separe

Donde las formas se juntan y cambian
mueren, nacen y se transforman
van y vienen en una eterna danza
de luces y sombras
donde el amor todo lo guía
y todo lo transforma

Tal vez nunca te dije cuánto te quiero
te lo digo ahora con estas palabras
como mejor me sale
como mejor puedo

Gracias por la vida
gracias por tu amor
y también gracias por ayudarme
a ser como soy

Por favor no estés triste
por favor no sientas culpa
si a tu lado ya no estoy
ni detrás de ti voy

Y es que salí al mundo y crecí
abrí mi corazón
para ir al encuentro de lo nuevo
y así aprender a vivir
con los brazos abiertos

Por favor ve con buenos ojos
que siga a mi corazón
Las maletas que por amor cargué
las dejo en el pasillo
de ellas ya saqué lo mejor
y me acompaña en mi camino

Ya no necesito cargar nada
ni tu cargar conmigo
sólo tengo agradecimiento en mi corazón
y desde aquí sigo mi camino
el amor me guía
y voy al encuentro de mi destino
Todo lo vivido lo llevo en el corazón
un mismo amor
con diferente latido.




(Dedicado con amor a mi madre, y también a todos/as quienes estén en procesos de reformulación de vínculos y de liberación de lealtades familiares inconscientes de su árbol transgeneracional)



viernes, 19 de julio de 2019

A las puertas del cambio - Lealtades familiares inconscientes

“Ojalá mi hijo/a- esposo/a -padre/madre escuchara eso que dices y viniera acá a consulta”
“Pero no puedo dejar la casa de mis padres…qué pasará con ellos?”
“El día que mis hijos –adultos- estén bien, entonces podré cambiar esta situación”
“Si me voy y hago mi vida, mi pareja se sume en la depresión”
etc, etc…

Cuando quieres que el otro cambie o se transforme, lo que estás haciendo es robarte tu propia certeza de cambio, poniendo al otro como excusa porque te da miedo hacerlo tú. En el fondo quisieras que el otro te acompañase y te enojas o entristeces cuando eso no pasa. Y te digo algo: no va a pasar NUNCA. Por qué? Porque tu cambio no depende del otro y él no hará por ti lo que sólo puedes hacer tú, cambie o no. Al ponerte a esperar que “Vaya a terapia” o “Me entienda y me comprenda” lo único que haces es detener el proceso de cambio que te lleva a pararte en tu lugar auténtico, que por definición es distinto del de tus ancestros, ya que no hay dos personas iguales. En el fondo, cada vez que una persona se sienta a esperar que el otro cambie o comprenda su cambio, lo que está haciendo es mutilándose la posibilidad de desarrollar su propio proyecto de vida en plenitud y con mayor autenticidad de alma, menos trabado por los hilos invisibles de las memorias transgeneracionales. 

Las frases del principio no son más que las racionalizaciones que armamos como excusa para no emprender el proceso. Este es tal vez uno de los autoengaños que tarda más tiempo detectar, puesto que las memorias del clan tienen un soporte biológico que se activa y nos envuelve en un clima emocional determinado mucho antes que lo detectemos. Es decir, pensamos, sentimos y actuamos desde un clima emocional interno condicionado por esas informaciones, mientras creemos que lo hacemos desde una perspectiva neutral y “objetiva”, cuando la realidad es que estamos completamente tomados hasta las manos. Una persona que siempre estuvo condicionada a cumplir las expectativas laborales de su padre o a tener parejas como las que inconscientemente le mandató su madre, sentirá una enorme angustia cada vez que intente traicionar a sus padres, es decir, desobedecer esos mandatos inconscientes. Más allá de esa angustia -que se activa mecánicamente, respondiendo a una pauta energética y biológica- están los lugares de autenticidad en los que nuestro proyecto de vida florece, y se requiere de una firmeza bien asentada para caminar a través de esas emociones y desoír los cantos de sirena que nos impulsan a echar pie atrás. Es difícil, sí. Pero no imposible. Y sobre todo, para muchos de nosotros es absolutamente necesario.

jueves, 24 de mayo de 2018

La curación y el precio a pagar

Desde algún tiempo me resuena con fuerza una frase que oí en una conferencia de Virginia Blanes –disponible en Youtube-, algo que con certeza muchos/as hemos oído alguna vez: “todo tiene un precio”. En su momento me causo un poco de extrañeza dicha afirmación aplicada a un contexto de desarrollo/transformación individual, pero luego de vivir algunas experiencias personales muy intensas y maravillosas –que me exigieron soltar muchísimas resistencias a los cambios- se me hizo evidente lo que en el fondo aquella frase quiere decir en la práctica.
 

¿A qué viene todo esto? Pues bien, con la enfermedad sucede exactamente como indica esta frase y aquello podemos formularlo así: para curarnos hay un precio. La pregunta verdadera es entonces, ¿estamos dispuestos a pagarlo? Cuando se le pregunta a alguien si desea curarse de su enfermedad la respuesta que seguramente recibiremos el 100% de las veces es “Sí”. No obstante, detrás de esa pregunta se esconde la otra, cuya respuesta decidirá en muchos casos (sobre todo en enfermedades como el cáncer, por ejemplo, en que suele haber un conflicto intenso y sostenido en el tiempo) si esto ocurrirá o no: ¿qué precio estás dispuesto a pagar? Es en este punto donde comienzan a aparecer las resistencias, los “sí, pero…”, los “voy a pensarlo” y comienzan las dudas, los temores a soltar nuestra PERCEPCIÓN de cómo creemos que deben ser las cosas para abrirnos a lo desconocido; como mínimo a un cambio de percepción que lleve a experimentar de nueva forma todo lo que estamos viviendo ahora mismo, en nuestro mundo “interno” y en el “exterior”.
 
Pensemos por ejemplo en un enfermo de cáncer de páncreas. Desde la decodificación biológica sabemos que muchas veces estará relacionado con un conflicto asociado a una vivencia de algo ignominioso, una afrenta o “golpe bajo” que la persona no se esperaba, como por ejemplo una traición, una conspiración laboral, una estafa de un socio de la empresa que se va con el dinero, un engaño con vileza, etc. Si esta persona lleva enferma mucho tiempo, sabemos también que su conflicto está allí, sin terminar de resolverse (de no ser así, estaría sano). En consulta se descubre su gran enfado e ira hacia la persona involucrada en dicha traición, enojo que se niega a procesar y liberar (“mientras esa persona no se disculpe de rodillas, jamás perdonaré lo que me hizo. Está muerta para mí”). Pues bien, si esta actitud rígida sigue su curso y la persona no está dispuesta a pagar el precio consistente en el reencuadre y cambio de perspectiva de la situación que experimentó (la traición, en este caso) y abrirse en la terapia a considerar el aprendizaje implícito en lo que vivió y a resolver sus emociones de otra forma, soltando su esquema mental de creencias de cómo deben ser las cosas -“el otro debe pedirme perdón para yo estar bien”-, el síntoma seguirá siendo la respuesta perfecta con la que su cerebro automático gestione biológicamente el conflicto en el que se halla inmerso, en gran medida gracias a su sistema de creencias, que lo prolonga indefinidamente. (recordemos que la mayoría de las veces lo que nos enferma no es lo que nos ocurre, sino la percepción que tenemos y mantenemos de ello). En casos como este, debemos ser muy claros en mostrar que la curación pide un precio (cambio profundo de perspectiva, experimentar de un modo diferente una misma situación) para así responder con toda franqueza si estamos dispuestos a pagarlo o es demasiado elevado para nosotros y preferimos no hacerlo. Parte del aprendizaje de la enfermedad es afrontarnos con esta consulta y resolverla en conciencia. Y la conciencia es radical: sí o no. No hay “medias tintas”. La curación parte con un “sí” total, completo. Sin reservas.

La situación no es distinta en otros ámbitos: quien es dichoso y feliz ejerciendo su vocación, con certeza ha profundizado en aquellos dones que ahora comparte con el mundo y si esto le ha llevado a redefinirse, pues que así sea. En cualquier proceso de cambio que estemos transitando llegará un momento donde la vida nos preguntará: “¿estás dispuesto a pagar el precio que el cambio que deseas implica?” Para cambiar de estado debemos estar dispuestos a tomar aquellas experiencias que la existencia nos ofrecerá para desmontarnos lo que nos limita y obstruye. Ante esto nuestras personalidades se enfadarán y resentirán pues se verán contrariadas al constatar que ahora las cosas se harán de forma diferente a todo lo que tenían por verdades y seguridades absolutas. Esto, si bien puede ser muy incómodo, es un buen síntoma de que algo se está moviendo. Si somos capaces de seguir el proceso –y para esto el acompañamiento terapéutico resulta sumamente relevante- colaborando con dicho movimiento en vez de estorbarle, llegará un momento donde notaremos de que todo era mucho más simple de lo que creíamos y que el precio a pagar consistía en salir de la comodidad de nuestras aparentes certezas y seguridades.
 
Si queremos ir más allá de lo que percibimos como nuestras limitaciones, siempre habrá un precio a pagar, y que una vez hemos dado el “sí” a dicho proceso desde un lugar de totalidad sin reservas, veremos que en realidad solamente perdimos lo que ya no necesitábamos y que ganamos algo esencial; nos ganamos a nosotros mismos en nuestro poder y grandeza de espíritu. Sólo perdimos nuestras autosostenidas visiones de pequeñez con las que nos habíamos identificado. Y nos daremos cuenta de que el único precio a pagar era soltar nuestras ilusiones para abrazar la realidad de ver las cosas como simplemente son, y no como creíamos que tenían que ser. Es dejar de exigirle cosas a la vida para permitir que nos abrace en su infinita calidez y abundancia en la que tenemos todo lo que necesitamos en cada momento para vivir en nuestra paz.