sábado, 21 de abril de 2018

Comprendiendo la enfermedad

En una sociedad como la nuestra es muy común que el paradigma de enfermedad que hemos asimilado por simple permeabilización hacia lo que nos transmitieron nuestros padres, la familia, dicha sociedad o la cultura en que vivimos, se base completamente en el miedo. Miedo a la enfermedad, que en el fondo es miedo a lo desconocido, a lo que aún no se comprende. Cuando algo se comprende y asimila, deja de haber ese miedo desde el que las más increíbles distorsiones de lo que acontece se despliegan. De aquí se deduce que aún estamos inundados por una no-comprensión de la enfermedad, en la que ésta pareciese venir “de fuera” (como si hubiese un “fuera” absolutamente independiente de nuestra percepción). Donde se la considera como algo que uno se “agarró por ahí”, o “le tocó”, ya que “es el invierno”, o “fue un contagio”. En fin: como algo que a uno “le sucede”, y que aparentemente no tiene nada que ver con nosotros a nivel de nuestro psiquismo y emocionalidad con la que funcionamos y percibimos. 

No es extraño entonces que desde esta percepción fragmentada y distorsionada por una mirada empapada de miedo, se vean enemigos por todos lados o se recurra a toda clase de supuestos responsables de nuestros síntomas y problemas. Sin embargo, detrás de todo este panorama hay una creencia en particular que suele estar bastante enquistada y que es aquella que dice que la enfermedad es una “falla” o un “mal funcionamiento” biológico… como si la biología, luego de miles y miles de años cometiera “errores” (que nuestro supuesto conocimiento académico vendría a “corregir”). 


En decodificación biológica no hablamos de falla o malfuncionamiento. Hablamos de adaptación. Partimos desde un lugar muy distinto, en donde no hay errores ni atacantes, sino simplemente respuestas adaptativas de supervivencia, que nuestro organismo despliega en clave biológica (el síntoma) ante cierta entrada de datos de tipo conflictivo (sobrestress) que no pudo ser gestionada de manera consciente por nosotros, y que tuvo entonces que ser atendida por nuestro soporte biológico, ya que su prioridad es nuestra supervivencia instante a instante. Dicho “en simple”: partimos de considerar la enfermedad como una respuesta adaptativa de supervivencia, desencadenada por nuestro cerebro automático ante un sobrestress que por el motivo que sea no pudimos/supimos gestionar y que rebasó los límites de tolerancia que él maneja como adecuados para la supervivencia en ese momento. Una entrada de datos inusual que, de mantenerse podría volverse desequilibrante y amenazante para nuestro funcionamiento y que el cerebro entonces se ve obligado a atender, adaptándonos biológicamente allí en donde se requiera y de forma tal que este requerimiento pueda ser gestionado por el tiempo que sea necesario. 



De aquí se siguen muchísimas implicancias que muestran por qué esta perspectiva es realmente un paradigma diferente. Veamos algunas de ellas:

Cambio de paradigmas
Para empezar, esto destierra nuestro ideario de que en la vida somos “víctimas de lo que pasa”, como si eso que ocurre fuese completamente ajeno a nosotros. Al ser la enfermedad una respuesta de adaptación, necesariamente tengo que preguntarme: “¿adaptación a qué? , ¿Qué es eso que “se me pasó” o que no estoy manejando conscientemente para que mi biología haya tomado el mando como último recurso?”. Esto ya empieza a situar la responsabilidad de lo acontecido donde se requiere que esté: en nosotros mismos, ya que nuestra vida la creamos nosotros, a través de nuestros proyectos de vida -que es lo que reviso con ayuda de la carta astral-, nuestras emociones, creencias, y pensamientos (conscientes y, sobre todo, inconscientes). En resumen: las vivencias son propias de cada uno/a. Son nuestra responsabilidad.

Segundo y muy importante, es notar que si estamos enfermos es porque algo no estamos gestionando de manera consciente y coherente, como para que nuestro cerebro automático haya tenido que intervenir. De aquí es directo observar que el/los shock(s) emocional(es) conflictual(es) con el que se ha desencadenado el proceso que llamamos enfermedad tenemos que ir a buscarlo(s) al inconsciente, hacia donde una de las puertas de entrada más directas es la emoción, lo que se siente y dónde se siente. Naturalmente me refiero a la emoción visceral profunda, por debajo de las emociones más superficiales (que suelen venir condicionadas por lo sociocultural y “políticamente correcto”. En consulta indagamos en lo que hay más allá de estas). El origen de la enfermedad hay que ir a buscarlo al inconsciente, allí donde no hay bueno ni malo pues no hay dualidad, sólo se atienden requerimientos y se producen respuestas a ellos. 

Tercero y fundamental, es tomar conciencia de que en el fondo la enfermedad siempre nos muestra un aprendizaje “oculto” que es preciso integrar y traer a la conciencia de manera coherente (es decir, donde pensamiento, emoción y acto vayan en la misma dirección y no cada uno por su lado). A fin de cuentas podemos pensar en la enfermedad como en un aprendizaje que pide nuestra atención y que trae implícito un mensaje de conciencia para nosotros: es como si nos indicara que en algún aspecto de nuestra vida algo se nos desbordó, y la lección que encierra esa situación ahora es preciso rescatarla desde el inconsciente y aprenderla pero impulsados ahora por el modo generalmente desagradable del síntoma. Sólo de esta manera podemos sacar auténtico provecho de esta experiencia y podremos decir que nos hemos apropiado del “para qué” de la enfermedad, liberando de este modo a nuestro cuerpo de escenificarnos ese conflicto en clave biológica. A fin de cuentas, la enfermedad es siempre un mensajero de conciencia, que nosotros mismos/as hemos creado inadvertidamente. 

Incluso estos pocos puntos principales ya muestran que el paradigma en que podemos comenzar a comprender lo que hay tras el proceso que llamamos enfermedad dista mucho de todo el acervo de conocimiento que parte desde la filosofía del miedo presente en el inconsciente colectivo en sociedades como la nuestra y usualmente reflejado aún por estructuras académicas y culturales en gran parte desactualizadas a los tiempos que corren, tiempos en los que el asumir la responsabilidad por nuestras creaciones vivenciales parece ser el camino óptimo que la vida nos invita a seguir, momento a momento.

jueves, 19 de abril de 2018

Preguntas Frecuentes Decodificación Biológica

Hola! A continuación algunas preguntas frecuentes acerca de la sesión de Decodificación biológica: qué es, desde dónde parte, qué se busca en ella, en qué consiste y en qué no, etc.
 

1-¿Qué es la Decodificación biológica?

La decodificación biológica estudia el origen emocional de la enfermedad, entendiendo a ésta como una respuesta adaptativa de supervivencia ante un sobre-estrés (impacto emocional) inusual, inesperado, vivido como dramático o conflictivo, que desencadena una respuesta biológica en el cuerpo, bajo las órdenes de nuestro cerebro automático. Esta respuesta biológica será la que consistirá en modificaciones adaptativas en determinados órganos o tejidos, que luego percibiremos como síntomas y es lo que habitualmente conocemos como “enfermedad”.

En la sesión, se recibe a un consultante que viene con un diagnóstico médico para su enfermedad, y a partir de éste vamos en busca del origen emocional conflictivo que la ha desencadenado, mostrándole entonces a la persona cómo es que armó la enfermedad, para que así pueda desencadenar un proceso -mediante un plan de acción a seguir en cada caso- que culmine con una toma de conciencia profunda de esta información. Al pasar aquella información al manejo consciente y solucionar dicho origen emocional conflictivo integrando los aprendizajes y posibles reenfoques de perspectiva que esa situación requiera, el síntoma biológico deja de tener un propósito y un sentido, y por lo tanto, el cerebro automático ya puede desactivar la enfermedad. Toda enfermedad tiene un “por qué” y un “para qué”. Esto es lo primero que buscamos en consulta.


2-¿A quiénes va dirigida esta terapia?
A toda persona que tenga alguna enfermedad (debidamente diagnosticada por un médico) o algún comportamiento limitante/conflictivo y que desee considerar este enfoque.

 
3-¿Es la Decodificación biológica una terapia complementaria o reemplaza a la medicina convencional?¿me recetarán algún medicamento?

La decodificación biológica es una terapia complementaria a la medicina convencional o a otro tipo de tratamiento médico que el consultante esté realizando. Por lo tanto, no sustituye el tratamiento médico, sino que lo complementa, buscando las respuestas que el mundo médico convencional suele eludir, al estar centrado básicamente en el tratamiento de síntomas. Por lo tanto, no es función del decodificador el prescribir medicamentos, ordenar un tratamiento o internar/dar de alta a un consultante.


4-¿Se parece a la psicoterapia, entonces? ¿Cuál es la diferencia?
La decodificación biológica toma en cuenta no sólo la parte psicológica y emocional de cada persona, sino también la parte biológica (de ahí su nombre), lo que permite ir de manera bastante directa a la raíz de lo que se busca, gracias a lo que muestra el síntoma. Por otro lado, en decodificación no nos  focalizamos únicamente en las historias que nos cuenta la mente consciente ni nos dejamos seducir por ellas, sino que vamos directamente a buscar la historia inconsciente detrás del síntoma o el bloqueo, lo que nos ahorra muchas vueltas y mucho tiempo, entendiendo que un proceso terapéutico necesita del trabajo con el inconsciente y no sólo con la mente racional consciente.
 
 5-¿Cuántas sesiones se requieren para revisar un motivo de consulta?

En la primera sesión comenzamos el abordaje del motivo de consulta. Según los requerimientos y circunstancias de cada caso, el plan de acción a seguir y el número de sesiones restantes se informa al finalizar la primera sesión. De forma referencial, un motivo de consulta toma entre 1-5 sesiones con un espaciamiento de 10-15 días entre cada una para procesar e integrar los contenidos de cada sesión, así como realizar las tareas propuestas entre sesiones.

 

6-Estoy siguiendo otras terapias ¿es la decodificación biológica compatible con ellas?

Sí, cada una trabaja de forma distinta con sus propias herramientas en pos del bienestar del consultante.


7-¿Por qué “consultante” y no “paciente”
?

Porque así como la enfermedad fue desencadenada por la persona a través de su cerebro automático en respuesta a un sobre-estrés inusual, no habitual frente a una vivencia conflictiva, es la misma persona quien puede desactivarla, por lo que entonces tiene un rol activo en el proceso. Mi función como decodificador es acompañarla en la búsqueda y entrada en conciencia de dicha vivencia conflictiva para así desencadenar su curación y reencuadre de vida allí donde sea necesario.


jueves, 12 de abril de 2018

Leer una Carta astral



Los detalles tienen sentido cuando se observan desde la totalidad
Ante la proliferación de información astrológica de toda índole en internet, y antes las preguntas de algunas personas, a continuación quiero aprovechar de comentar brevemente el punto de partida que considero más adecuado a la hora de leer una carta astral.

Como ya he mencionado con anterioridad, en la carta vemos reflejado nuestro proyecto de vida con todos sus potenciales. Esto incluye aprendizajes que el alma desea revisar, “retos” derivados de estas circunstancias, algo de nuestra configuración energética, psíquica y emocional, aquello que nos puede parecer una dificultad o que nos dé miedo integrar, también aquello en lo que seguramente fluimos con docilidad, algunos puntos críticos o momentos de cambio en nuestras trayectorias vitales, y un largo etcétera.

De lo anterior considero que es de total relevancia que el astrólogo sea capaz de hacer una síntesis coherente de este proyecto de vida que integre sus diferentes elementos (posiciones planetarias, signos, casas, aspectos, tránsitos, etc.) en pos de ir a lo esencial del proyecto para recién desde allí ir fluyendo hacia los detalles y diferentes facetas con las que nos podemos encontrar, cosa que requerimos hacer siempre en contacto activo con la persona a quien leemos la carta y no de forma teórica/adivinatoria/especulativa, ya que podemos estar viendo algo que no está realmente allí y/o que no tiene nada que ver con los caminos de vida que esa persona está transitando ni con su proyecto. De otra forma estaríamos prestándonos a una especulación gratuita que no podemos confirmar ni desmentir, y no a una lectura de carta (que es lo que yo, al menos, ofrezco). Una cosa que, por muy elemental que parezca parece que se olvida con frecuencia, es que toda intuición, observación o proposición astrológica requiere ser contrastada con la experiencia, y para eso es necesario no olvidar que estamos leyéndole la carta a alguien (y no estamos simplemente leyendo una carta, en abstracto). Y ese alguien tiene una trayectoria de vida, con experiencias y hechos concretos, un mundo interno, modo de actuar y una presencia energética, todos estos elementos que nos ayudan a verificar o descartar nuestras afirmaciones astrológicas.
 
De aquí que desmenuzar una carta en pedacitos sin haber antes hecho una síntesis coherente del proyecto que ella contiene, a mi criterio no tiene mucho de lectura astrológica. Una cosa es focalizarnos en los detalles (sean estos planetas de gran influencia, casas llenas, aspectos que “destaquen”, etc.) teniendo siempre en cuenta con toda claridad el contexto del cual forman parte y otra muy distinta es pretender que sumando trocito con trocito estaremos leyendo una carta. Ocurre así que mucha de la información que abunda en internet suele generar confusión a quienes, interesándose por la astrología, aún estén en camino de desarrollar un criterio propio basado en la experiencia (de leer cartas, idealmente supervisados por alguien honesto y con experiencia integrada cuando somos estudiantes y, sobre todo, de estudiar y profundizar en la propia carta como herramienta de consulta en nuestro propio camino evolutivo. Así vamos viviendo a través de la experiencia misma y en primera persona qué es y qué no es una carta).

En el ámbito astrológico suele ser bastante sencillo conjeturar con todo tipo de cosas, y hacer que suenen “creíbles” para quien es un lector pasivo (y muchos pudimos haber iniciado de esa manera) pero creo no hay que olvidar que la teoría puede estar genial, pero es aún más genial cuando sirve para algo y es corroborada por la experiencia, y si hay algo que creo es fundamental en una visita al astrólogo es justamente que éste nos recuerde de ir a lo esencial de nuestro proyecto (carta) y a centrarnos desde ahí, desde la esencia en la que vibramos y que a veces tendemos a olvidar.
 
La astrología es finalmente –tal y como la vida- un camino destinado a ser transitado y experimentado, desde lo “concreto” hasta lo más “etéreo” en que nos veamos implicados, y esta experiencia es la que nos servirá de guía para navegar en los matices y facetas y distinguir entre ellas cuáles tienen sentido y resuenan en lo profundo de nosotros. La teoría puede equivocarse. La experiencia no.

sábado, 17 de marzo de 2018

“Bueno” o “malo” en astrología


Un lindo fractal.
Aquello que humanamente tendemos a etiquetar de “bueno” o “malo” como dos extremos de una escala perceptiva que podemos aplicar a diferentes cosas, situaciones o ámbitos de la vida, en el momento de hablar de astrología simplemente desdibuja su faceta dual para transformarse en “lo que es perfecto” (por llamarlo de algún modo). Con esto me refiero a que la aplicación de criterios dualistas de fondo tiene escasa pertinencia a la hora de leer una carta astral, salvo en el sentido de utilizar un lenguaje comprensible en el que podamos entendernos (Por ejemplo, al enfatizar a un consultante que “Si deseas X cosa, sería bueno/malo este camino o este otro”) y “aterrizar en lo concreto” cuando sea necesario.

Con esto quiero decir simplemente que no hay cartas astrales “buenas” ni cartas “malas”, así como tampoco hay planetas, aspectos o signos “buenos” o “malos”. Sólo hay cartas perfectas, ya que ellas responden al diseño del universo como entidad viva y aplicables al proyecto de vida del alma en su encarnación aquí en la Tierra. Es por ello que para acceder a la comprensión de los contenidos que nos ofrece una carta, tenemos que tomar en cuenta que estamos frente a algo que ha sido concebido por fuerzas y energías que se hallan más allá de nuestras aparentes dualidades, y de las que tenemos aún mucho por descubrir desde nuestra humana mirada, tan proclive a dividir la totalidad en parcialidades o polos, muchas veces supuestamente excluyentes entre sí.

La carta da cuenta de una visión de totalidad, que debido a las limitaciones de nuestro “hardware” humano tendemos a percibir de forma fragmentaria, lineal o consecutiva en el tiempo, en lugar de simultánea y total. De este modo, tenemos que ver con todas las energías allí representadas, aunque en ocasiones tendamos a identificarnos sólo con algunas y poner a las demás fuera, como si nada tuviésemos que ver con ellas. De aquí que la carta es una excelente herramienta para el proceso de integración de estas facetas de la Totalidad en nosotros y en nuestra estructura “interna” (que alberga, por tanto, la misma totalidad). La manera que la vida tiene de hacer este movimiento de integración es a través de nuestros caminos de vida -planificados por nuestra alma-, con todos sus sucesos, puntos críticos y de inflexión, que en la experiencia concreta y cotidiana se van desplegando en forma de situaciones precisas, períodos de aprendizaje, crisis/oportunidades, y en definitiva en todo aquello que nos mueva o conmueva de forma profunda, en cualquiera de las áreas de experiencia de nuestra vida diaria (esquematizadas en una carta a través de lo que conocemos como “casas”).


Es en el marco de este proceso integrativo para la Conciencia en nosotros que se hallan encuadrados todos los acontecimientos y experiencias del día a día, desde lo más “mundano” a lo más “etéreo” (diríamos desde la visión dual, para entendernos), motivo por el cual puede verse que finalmente cada evento tiene su parte funcional a un plan mayor, trazado con anterioridad por la arquitectura del cosmos a la que se ajustan los proyectos de nuestra alma, pero que sin embargo no es rígido y no tiene un único resultado posible, sino múltiples –quizá infinitos- potenciales que serán finalmente transformados en hechos y trayectorias vitales a través de nuestras decisiones y resoluciones -sean estas conscientes o no- que finalmente se transforman en actos, consumándose así el flujo correspondiente.

De este modo, creo que es preciso tener claro que una carta da cuenta de un orden maravillosamente perfecto y organizado de tal forma que todavía nuestra conciencia, en tanto siga dirigida hacia la fragmentación en vez de hacia la integración de contenidos, le puede resultar bastante complejo captar, elaborar y disfrutar. En este contexto, el seguimiento de la propia vida como un proceso de gradual integración de informaciones y energías (entre las que podemos citar, por ejemplo, a la popular “sombra”, es decir, a aquellos aspectos de nosotros mismos que no conocemos) cobra mucho sentido cuando se apoya en una herramienta como la carta, ya que nos proporciona una visión más amplia de la que seguramente teníamos, a modo de una especie de “mapa de caminos” que nos da una mano a la hora de determinar rumbos a seguir. Nos convertimos en navegantes con algo más de conciencia acerca de dónde estamos, dónde hemos estado y hacia dónde vamos, lo cual suele ser mucho más provechoso que comenzar a preguntarnos nuestro rumbo solamente cuando algún golpe aparentemente venido “desde fuera” nos impacta de tal forma que hacemos una crisis o comenzamos a acumular vivencias conflictivas en las que nos vamos hundiendo sin saber su sentido ni su propósito en el gran esquema de las cosas. Sin esta comprensión todo puede resultar bastante más complicado o trabajoso de lo que potencialmente podría ser. Vamos perdiendo así la alegría y el disfrute de los propios procesos de experiencia y aprendizaje.

Como el proyecto que el alma tiene interés en desplegar en esta vida es funcional y armoniza perfectamente con la estructura energética desplegada en la carta respectiva, se hace claro que toda visión o elaboración astrológica que parta del “bueno” o “malo”, da cuenta de una conciencia habituada a la fragmentación que habla desde lo que hasta el momento piensa que “es”, dejando fuera todo lo que considera que “no es”. De este modo, perdemos de vista la insondable perfección del conjunto de las cosas, en donde todos los esquemas y trayectorias posibles encajan maravillosamente de modo completamente armónico con el desenvolvimiento de la existencia en toda su multidimensionalidad. El sello del universo parece ser la totalidad desplegándose en cada una de las partes o estructuras aparentes que lo pueblan, y eso claramente nos incluye a nosotros, focos de la conciencia experimentándose en su faceta humana y multidimensional a la vez.

jueves, 15 de marzo de 2018

Preguntas Frecuentes Acerca de la Carta Astral


¿Qué es una carta astral? ¿En qué consiste la sesión de consulta? ¿Qué temas puedo revisar en ella?

A continuación, algunas de las preguntas frecuentes e inquietudes comunes con respecto a la lectura de carta y a la sesión de consulta y su orientación:


¿Qué es una carta astral?

La carta astral (también llamada “carta natal”) es un documento que refleja el proyecto de vida de ese núcleo de conciencia que podemos llamar “alma” o “ser profundo” para ésta, su actual experiencia de vida en la Tierra. Una carta se muestra a través de lenguajes simbólicos que el astrólogo lee y traduce en información inteligible a través de nuestro lenguaje cotidiano. A grandes rasgos, dentro de este proyecto de vida se encuentran los “desafíos”, “retos” y posibles dificultades, los principales aprendizajes que el alma desea abordar en su actual forma humana y los tiempos o etapas de dichas experiencias. También se muestran las principales tendencias de nuestra psiquis y de nuestro carácter, nuestras dinámicas emocionales conscientes y –muchas veces- inconscientes.

A modo de imagen ilustrativa, la carta describe la “obra teatral” de esta vida, en la que a través del “rol estelar” que tenemos cada uno/a, compartimos escena con los actores, escenarios, tramas, interacciones y vivencias que van tejiendo nuestra experiencia.


¿Para qué sirve consultar mi carta astral?

La carta es una muy buena herramienta para quien busca una orientación en profundidad en cualquier proceso de autoconocimiento, comprensión y/o resignificación de la propia trayectoria de vida, pasada y presente. Es idealmente apta para quien busca el sentido profundo en el que las piezas de su vida se unan y hagan “click” y así permitan mostrar un cuadro amplio, lleno de sentido y propósito y que permite la integración y trabajo consciente y deliberado de estos contenidos en la vida cotidiana, todo lo cual nos (re)conecta con nuestro propósito, y por lo tanto con nuestra mayor felicidad.


¿Qué tipos de preguntas o inquietudes puedo tratar en consulta con la carta astral?

Para empezar, es muy simple: si tiene que ver contigo, ya es una inquietud o pregunta válida. Todo tipo de pregunta que surja desde el deseo profundo y honesto de comprender, es la adecuada.

La carta es especialmente apta para revisar temas como los siguientes:

-Proyecto de vida, momento y situación actual. Rumbo a tomar.
-Orientación vocacional, laboral o de estudios.
-Temas de pareja, familia, amistades y relaciones en general.
-Temores, bloqueos, patrones repetitivos y tendencias de personalidad que se vivan como limitantes.
-Orientación en conflictos o situaciones de crisis, en cualquier ámbito.
-Maternidad/paternidad y educación de hijos/as.
-Patrones transgeneracionales y lealtades familiares inconscientes.
-Procesos de autoconocimiento y transformación personal.
-Enfermedades (se requiere diagnóstico médico).
-Etcétera.

La consulta puede tratarse también de inquietudes personales o acerca de alguna situación específica que estés viviendo ahora mismo o que hayas vivido.

Finalmente, a modo de ejemplo ilustrativo, cito algunas preguntas que suelen ser frecuentes en consulta:

-¿Cuál es mi proyecto/misión de vida?¿cuál es mi vocación y para qué soy bueno/a?
-¿Qué sentido tiene esto que estoy viviendo? ¿cómo resolverlo?
-Estoy perdido/a o desorientado/a y no sé qué rumbo seguir o qué hacer en mi vida.
-Me inquieta o preocupa esta situación/este problema.
-Tengo consultas o problemas de pareja/trabajo/estudios que quiero revisar.
-Deseo ver mi tema pareja. ¿Por qué me cuesta encontrarla/soltarla?¿hacia dónde enfocar mi vida sentimental?
-Qué hay de la maternidad en mi vida? por qué me ha costado tanto?
-Y un largo etcétera 


¿Qué necesito saber para tener mi carta astral?

Se requiere la fecha, hora y lugar de nacimiento. Estos datos se proporcionan con anterioridad a la sesión.


¿Cuál es el valor de la consulta?

La inversión por consulta es de $2.000 pesos y tiene una duración estimada de dos horas. En el caso de consultas online desde el extranjero, el valor es de $70 Dólares la sesión, transferibles vía Paypal o por envío de dinero a través de Western Union o similar.
(Valores actualizados en abril de 2023)                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
¿La carta astral es algo que uno se lee una sola vez en la vida?

Si bien es única, debido a su carácter dinámico y de múltiples “planos” de profundidad, la carta es un documento que puede consultarse cuando se lo requiera. Es preciso notar también que debido a lo que se conoce como “tránsitos planetarios”, distintos momentos de lectura pueden traer distintas informaciones o panoramas astrológicos, actualizados al momento presente.


¿Cuántas sesiones se requieren para revisar un tema?

Generalmente en una sesión de dos horas se alcanza a revisar en detalle un motivo de consulta. Sin embargo, si se trata de un tema complejo, o la persona desea un trabajo más profundo y exhaustivo, lo adecuado es continuar con cierta periodicidad hasta abarcar el o los temas en tratamiento. El plan de acción a seguir y el número de sesiones se informa al finalizar la primera sesión.


¿Hacia dónde apunta la sesión? ¿Cuál es tu enfoque?

Mi enfoque está orientado al uso de la carta como herramienta terapéutica y de apoyo en los procesos individuales -tanto “internos” como “externos”- que le conciernan a cada uno/a. La sesión se orienta a comprender dichos procesos, reconocer cuál es su lugar dentro del gran esquema de una vida, para desde allí, integrar en lo concreto los aprendizajes o rectificaciones que sean necesarios en pos de responder de la mejor manera a cada situación, según el proyecto de cada persona.

En resumen, considero la carta como una valiosa herramienta de trabajo y transformación individual y colectiva, que no sustituye el trabajo personal cotidiano, pero sí que lo encauza, focaliza y acelera, colaborando entonces con su parte dentro de dicho esquema.


Tengo un tema complejo/enfermedad*/comportamiento bloqueante o limitante. ¿es posible tratarlo en consulta?

Sí, es posible. Cuando el caso lo requiere, se aborda empleando herramientas del ámbito de la decodificación biológica, de la psicogenealogía y otras, en búsqueda de las raíces de dicho problema, enfermedad o comportamiento. Todo esto asistido según la carta de la persona.

*En el caso de enfermedades, se requiere la existencia de un diagnóstico médico existente.


Mauricio Gómez M. – Astrólogo • Decodificador Biológico
Fono/Whatsapp: (+598) 94 585 134 
Montevideo, Uruguay